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Review del capítulo 1×04 de ‘Outlander’: “Je Suis Prest” (“Estoy listo”), el lema de Jamie


Cada capítulo que pasa los fans de la serie literaria que creó Diana Gabladón, La Forastera, nos sorprendemos de lo bien tratada que está la historia en la serie Outlander, razón más que suficiente para que la crítica la acompañe y los seguidores se multipliquen a cada emisión.

Hoy os traemos un nuevo review donde comentaremos y analizaremos los momentos más intensos e inquietantes del capítulo cuarto.

La Reunión “Es cuando todos los hombres Mackenzie de todas las Highlands vienen a hacer su juramento al Clan y a él (Colum). La última fue hace años cuando Colum se convirtió en el Señor (Jefe de Clan)”. Es la explicación que le da la señora Fitz a Claire al principio del capítulo anterior. Leoch está de celebración y se nota en el ambiente como en la vigilancia, algo que no ha pasado desapercibido para Claire que está preparando concienzuda y sigilosamente su huida. “Señora Claire, ha perdido su pañuelo” le dice Hamish, el hijo de Colum. Ella le resta importancia, porque después de tanto correr y trotar por el bosque en un descuido todos podemos perder algo. Pero lo que nadie sabe es que como Pulgarcito, Claire fue dejando inteligentemente trozos de ese pañuelo y del lazo del pelo en las ramas para que la guíen a escapar. “A pesar de mi impaciencia por marcharme, mi corazón se animaba cada vez que caminaba por el campamento y una pequeña parte de mí se arrepentía por mi inminente fuga”. Perece o todo hace intuir que la mente y el corazón de Claire comienzan a separase y a dictarle cosas diferentes, ella siguiendo el dictamen de la primera sabe cuándo, cómo y por dónde ejecutará su plan.

Pronto llega esa escena que rompe con la tensión que nos provoca la huida de Claire. Haciendo alarde de la picardía y las artimañas que toda mujer tiene, reta a sus dos vigilantes al juego de “los palitos” (quien coja el palo más corto pierde), así mientras el ganador se acerca a la joven que lo miraba, el otro la acompaña a los establos. No es una visita normal, ni mucho, porque va a escoger el caballo que la ayude a huir. Pero la persona con quien pretendía hablar no está: “mejor dejar a Jamie con sus pensamientos hoy, muchacha”, le dice el viejo Alec cuando le pregunta por el joven y será quien le presente a su caballo. Todo está saliendo a pedir de boca, porque miente sin que nadie sospeche.

Desde aquí hasta su llegada al castillo las imágenes van acompañadas de una bonita música de los años 40. Podemos considerar que estamos ante un anacronismo, pero también podemos suponer, ante las evidencias de la historia que se nos cuenta, que Claire, una mujer del s. XX puede estar recordando esa música. Una música que acompaña las grandes veladas que se vivían en los años cuarenta. Si has visto el capítulo has observado que las imágenes y la música casan perfectamente sin alterarse un ápice. En el dispensario todo nos llevamos un susto de muerte cuando vemos a Geillis. Este extraño y oscuro personaje, que calla más que habla, le revuelve las entrañas, la mente y el alma a Claire cuando pregunta: “¿Estás embarazada?” El interrogatorio de Geillis va alterando a Claire: “Te puedo asegurar que jamás he sido infiel a mi marido”, sentencia rotundamente. Dentro de esa frase hay toda una declaración de intenciones, pero sobre todo está la verdad. Geillis contraataca dando a entender que si es una mujer viuda no hay infidelidad. Ahí es cuando volvemos a ver Frank, ese hombre que ha dejado en otro siglo, pero con el que regresará si todo sale bien y esa frase “No. Nunca tuvimos niños” se puede cambiar.

Geillis sigue insistiendo, no termina. Después de decirle que lo más probable es que sea estéril, dice que “Veo que tienes problemas para dormir también”. Así comienzan una interesante conversación sobre la cocción y las dosis adecuadas de la valeriana. Ahí nos enteramos que Geillis le da valeriana a su marido para poder dormir. Además, Claire tiene suficiente “como poner a un ejército entero a dormir”. ¿Para qué quiere tanta? También le vuelve a dar varios consejos: “Las Highlands no son son un buen lugar para una mujer sola. Harías bien en recordar eso” y por último: “la promesa es algo serio en este país”.

Su plan sigue en pie, aprovechando la ceremonia donde todos los hombres Mackenzie le juren lealtad a Colum, en el libro esta parte se conoce como El Juramento, ella aprovechará para escapar, llegar a Craigh na Dun y volver a donde le corresponde. En la busca y captura de un arma, preferiblemente un cuchillo, se topa con la señora Fitz, que le llama la atención por no estar vestida adecuadamente para la ceremonia. Una vez arreglada con sus mejores galas, vemos el gran salón preparada para el gran momento que se va a vivir en Leoch.

Una vez que nos metemos de lleno en el ambiente de júbilo y excitación de la gente que asistirá al juramento nos encontramos con dos caras más que conocidas: por una lado tenemos al productor ejecutivo de la serie, Ron Moore, por el otro a la mente que creó todo este mundo y nos contó la historia, Diana Gabaldón, autora de los libros.

 

Junto con la señora Fitz y Mutagh vivirá el principio de la ceremonia. Un Colum solemne entra en el gran salón. Una vez toma su sitio como jefe, arenga en gaélico a todos sus hombres, sus familiares, sangre de su sangre que, uno por uno, le jurarán fidelidad. Murtagh le irá explicando a Claire todos lo que sucede, hasta que como el juramento es el mismo decide irse, no sin antes tropezarse con uno de sus vigilantes. Ella quiere ir al dispensario, él intentará persuadirla para que no vaya y ella viendo que no se lo podrá quitar de encima, le da una botella de ¿vino? ¿Oporto? Según Claire es Oporto. Él bebe y bebe y sigue bebiendo, sin cortarse, pero nos llama la atención que Claire escupe el liquido… así que no es vino, ni tan siquiera una bebida alcohólica, es la valeriana. Inteligentemente la utiliza para que no la sigan.

Cuando parece que nadie la podrá parar, se encuentra con otra persona, pero una a la que no se espera, Laoghaire. La joven requiere de su ayuda le pide concretamente “alguna poción que abra el corazón de un muchacho a una muchacha” o lo que es lo mismo una poción de amor. Sí, sí para quien tú ya sabes, Jamie, porque la jovenzuela quiere que “su corazón dé el siguiente paso”. Como bien le recuerda Claire no parece necesitar ayuda alguna, pero la chica sabe que aunque Jamie la haya besado en su momento, las atenciones del joven no van para ella, sino para otra. Claire, harta de las interrupciones, baja al dispensario coge un frasco y crea una nueva poción de amor con estiércol seco de caballo. A ser una poción requiere de un ritual que en este caso es: “esparce el contenido en el umbral de su puerta, quédate fuera, golpea tres veces los talones y recita no hay lugar como el amor…”. Así feliz como una perdiz la muchacha se va tan contenta.

Pero llegados a este punto y desechando las casualidades, los guionistas nos están dando muchas pinceladas del futuro de Claire en la Escocia del s. XVIII y me explico. Tras salvar la vida de su sobrino la señora Fitz la rebautizó como la “obradora de milagros”, Colum desde que recibe sus atenciones ha mejorado sustancialmente y sus dolores de piernas han disminuido. Vimos un cara a cara, en toda regla, de Claire con el padre Bain, en este capítulo Alec le presenta a Azufre, una caballo negro divino. “Suena siniestro” declara Claire y no es para menos. Creo que no me equivoco cuando digo que algo muy grave se está gestando en contra e Claire.

Como en esta vida no es todo liso y llano en su camino se encontrara con unos Highlanders borrachos que intentarán propasarse, pero Dougal llega en el momento preciso para salvarla, aunque no tengo muy claro si la salva. Sabemos que Dougal no es muy afín a Claire y ella no lo es para él, pero el alcohol a veces, bueno casi siempre, hace estragos, y aquí no es para menos porque vemos como él la besa, ella lo rechaza pero comete un error al bajar la vista hacia su pequeño petate que está justo al lado de Dougal. Él se agacha y como “la curiosidad mató al gatoClaire le le pega con un taburete. El hombre se desploma en el suelo.

Rauda y veloz continúa su camino hacia los establos. Parándose a cada momento para no llamar la atención de los vigías y no ser delatada por la luz de las antorchas. Llega a su destino, pero lo último que piensa es que se va a tropezar (literalmente) con el desaparecido. Sí, Jamie, el mismo que viste, calza y duerme en el establo. Así tenemos la tan ansiada escena entre ellos, aunque hay que decir que es muy diferente a cualquier otra. Pensando que es otro Highlander borracho que está durmiendo en los establos, Claire nos regala su frase favorita, a la que Jamie responde con su gracia natural y con un puñal en la mano: “No, Sassenach, soy yo”.

Lo que más me fascina de esta pareja es que no necesitan hablar para entenderse, porque con solo mirarse se comunican. Este momento no es una excepción. Jamie viendo el pequeño petate de Claire sabe que pretende escaparse y le dice la verdad, que no va a llegar muy lejos “¿… en una noche oscura con un caballo extraño y con la mitad del clan Mackenzie detrás de ti por la mañana?” y lo dice en serio porque Colum ha aumentando la vigilancia, algo que ella sabe. La Claire tozuda, cabezona, que ni Frank podía pararla, sale de nuevo. Pero Jamie no cree las disculpas que le pone así le replica: “¿Sales huyendo, de repente, solo porque los hombres están borrachos?” Claire tampoco se calla y le dice que él sabe perfectamente que quiere irse de Leoch. Le cuenta que lo tiene todo preparado y le da detalles. Jamie, tan testarudo y cabezón como ella vuelve al ataque, sí es un buen plan “o lo sería, si Colum no hubiera reforzado la seguridad en el bosque esta noche”, debido que todo el clan está reunido en el castillo.

Si tú eres cabezón yo lo soy más sería un buen título a esta escena. “Me voy a ir de todas formas” nada ni nadie (incluso tú) la pararán. Claire está harta de vivir una vida que no le corresponde, en una época que no es la suya. Ahora sabe como regresar y, aunque le cueste la vida, lo hará. Realmente no tiene nada que perder, porque lo perdió todo cuando cruzó el tiempo. Por ciertas cosas, más bien personas, una de ellas la tiene enfrente, se quedaría pero no son los suficientemente fuertes como para convencerla de lo contrario. “Los mejores rastreadores del clan están aquí. Te atraparán.Jamie ya no sabe que hacer para frenar esa huída, para convencerla de que es mejor que se quede y espere un poco más. No se puede quedar sólo en meros intentos, tiene que lograrlo. Si ella se marcha, pierde a la única persona con la que puede hablar sin reparos. Ella conoce alguno de sus secretos más duros. Es la única mujer a la que le abrió su corazón, su alma. No, no puede perderla. Pero diga lo que le diga a ella nada le para porque “como claramente has expresado soy una forastera (outlander), sólo una Sassenach”. Lo que es una palabra cariñosa en boca de Jamie, se convierte en un arma harrojadiza cuando la Claire la suelta por su boca.

Si te he ofendido, lo siento, Claire”. Es de las pocas y raras veces que Jamie pronuncia su nombre que lleva marcado a fuego. Ella no esperaba una disculpa con tanta vehemencia, por lo que baja un poco las defensas confesándole que lleva mucho tiempo esperando ese momento, es su única oportunidad y se le está escapando de las manos. Lo que realmente siente es impotencia. Jamie echa un pulso diciéndole que la acompañará de vuelta al castillo, ella como que no quiere y le cuenta lo que pasó con los borrachos y con Dougal, algo que hará reír a Jamie.

En su camino de vuelta se tropezarán con varios hombres del clan, que los atacarán. Jamie no sabe con que intenciones vienen, pero lo que tiene claro es que protegerá a Claire. Al final harán que Jamie se presente ante su tío Colum en el gran salón, sin saber lo que pueden provocar. Mientras se prepara para tal acontecimiento, Claire le pedirá disculpas, además de preocuparse por el golpe que le dieron en la cabeza, a lo que Jamie responde: “Bien. Mi hermana Jenny dice que (mi cabeza) es más dura que una olla de hierro”. También conocerá el lema de los Mackenzie y sabrá algo nuevo de Jamie “no soy un Mackenzie. ¿Conoces mi lema? Je suis prest.” A Claire le queda claro que saber, no sabe nada de él.

El momento más tenso se vive cuando Jamie está delante de Colum. Por Murtagh ella se entera que la vida de Jamie incluso puede estar en peligro, porque pasaría a estar en la línea de sucesión y hay gente que lo quiere como líder de clan. “Dios, todo esto es culpa mía” dice Claire cuando sabe toda la historia. El ambiente se enrarece, todo el mundo está en silencio. La expresión de Colum lo dice todo. No es fácil. “Colum Mackenzie, me presento a usted como pariente y como aliado. Pero no voy a juraros fidelidad. Mi fidelidad está prometida al nombre que llevo. Le ofrezco obediencia como pariente y como líder y me atendré a su palabra, mientras mis pies reposen en las tierras del clan Mackenzie”. Cuando la tensión llega a su punto más alto una sonrisa de Colum hacia su sobrino hace que todo se relaje y se proceda a la celebración.

Me alegro de que estés aquí para ayudar con las curaciones” reconoció la señora Fitz en el tercer capítulo. Y así será durante la cacería, donde volveremos a escuchar música de los años cuarenta. Muchos hombres del clan están dispuestos a dar caza a unos jabalíes que dejarán a bastantes heridos y un muerto. Un amigo de Dougal. Es una escena dura, triste que nos enseña la parte más cruel de una celebración. Claire, otra vez, deja entre ver que no es una mujer cualquiera, porque no reacciona como muchas. Su serenidad, en cierto aspecto su frialdad ante la sangre, sus palabras de alivio al enfermo le enseñan a Dougal que esa joven vivió más crueldad que cualquier otra que conozca.

 

 Al regresar a Leoch hay hombres que están jugando al Shinty, un juego tradicional escocés que todavía se practica en la actualidad. Dougal dará rienda suelta al dolor por la pérdida de un amigo, arroyando a todo al que se le pone delante, pero sobre todo a Jamie. Tío y sobrino se enzarzan en una pelea que deja a todos patidifusos. “Yo te enseñé a jugar a esto, chico”. Le reta su tío. “Ya van dos veces que me has pillado despistado” dice por lo bajo Jamie con sed de venganza. La pelea va a más dejándolos solo en el campo y provocando el silencio de los espectadores. Hasta que Jamie lanza a su tío al suelo por encima de su cabeza y cuando lo tiene a sus pies le dice: “me enseñaste bien”.

Al final Claire, con el fracaso de su huída todavía saboreándolo en los labios, ya no está a gusto: el dispensario se convierte en una “mazmorra”, lo que antes la distraía, ahora es motivo de odio, pero nunca se dará por vencida para conseguir su propósito. “Tú has visto a hombres morir antes y con violencia” le dice Dougal cuando va a visitarla, porque todavía no se ha olvidado lo que hizo en el bosque durante la cacería y la felicita por ello. Claire intenta despedir a Dougal, pero él no tiene intención de irse porque viene a proponerle un viaje, pero no uno cualquiera, no, sino un viaje para recorrer las tierras del clan.

 

Así Claire emprenderá un nuevo viaje en el que sólo habrá una mujer, ella. Un viaje que le deparará nuevas aventuras, le acercará más a la gente y a las costumbres del s. XVIII y que cambiará, todavía más, su vida.