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Les Revenants: la intimidad del zombie por Paco López Barrios


Queremos aprovechar que Chanel 4 está emitiendo Les Revenants, para recomendar a muchos seguidores de nuestra web esta serie.  Y para ello hemos recurrido a una de las mejores críticas que hay de la serie en internet realizada por Paco López Barrios en el blog de guionistas, que os recomendamos que visitéis.

Quien me iba a decir a mí que terminaría disfrutando – y mucho – con una serie protagonizada por muertos vivientes. Normalmente la habría dejado pasar, aún con sus buenas críticas. Pero, en esta ocasión, la recomendación venía de parte de Pablo Olivares. Aquí debe haber algo más… pensé. Y si, lo había. Tanto que hasta he sentido la necesidad de escribir un post, yo que no soy nada aficionado a reseñar series. Allá va…

A mi los zombis, en general, me dan mucha pereza. Me aburre ver tipos con las carnes medio descompuestas colgando, que caminan con los brazos hacia adelante, tambaleándose y murmurando una especie de “uhhh” gutural, y que no tienen otra obsesión que comerse nuestros cerebros. Para mi gusto son los personajes de terror menos atractivos: carecen del glamour del vampiro, de la solera histórica de la momia, de la épica del hombre lobo. Son carne, verdosa y putrefacta, de subgénero, pura serie B. Para parodiar, en todo caso. Y que me perdone Martín Román por este alegato anti-zombi.

 Pero Les revenants es otra cosa. Una reseña reciente en el blog Todo Series llevaba este titular: Cuando los zombies comen croissants. Me parece una excelente síntesis. Tanto que he sentido la tentación de robarlo como título de este post. La sinopsis oficial de la serie es esta:

En Annecy, durante el mismo día, gente de diferentes edades y clases sociales, todos ellos desorientados, intentan entrar en sus casas. No saben que han estado muertos durante varios años, que no han envejecido y que nadie les está esperando. Sin embargo, están decididos a recuperar un sitio que ya no es suyo. Pronto descubrirán que no están solos en ese vuelta, y que su regreso está causando más de un problema en la región. ¿Y si sólo es el principio de una convulsión mucho mayor?

 La gran diferencia entre Les Revenants y los otros subproductos del género es que no se trata, a priori, de ninguna invasión de fuerzas del mal, no hay (al menos hasta el final) batalla campal entre la luz y la sombra… lo que hay son pequeñas historias completamente cotidianas, intimistas incluso. Más allá de su premisa fantástica inicial, es la pura condición humana lo que se examina, con toda su secuela de relaciones personales, familiares, sentimentales… la figura del zombi se me aparece como un recurso para someternos a examen a nosotros mismos. Pero un nosotros mismos dinámico: somos aquello que el tiempo ha hecho de nosotros.

 Los retornados a ese pequeño pueblo no son, de entrada, una figura amenazante. Son la gente que quisimos, aquella por la que tan amargamente lloramos cuando nos dejaron. Su vuelta nos produce una alegría inmensa… pero también nos crea una serie de dificultades no esperadas. Cada uno ha aprendido a vivir con sus presencias y sus ausencias: la falta de una persona querida es dolorosa, pero con el tiempo el ser humano recompone su realidad y tras la pérdida alcanza un nuevo equilibrio. Así que, tras la alegría inicial por el reencuentro, se ponen sobre la mesa las asignaturas pendientes.

 

Quiero ser muy cuidadoso con los spoilers por no fastidiar a quien aún no la haya visto (que sereis la mayoria), pero pondré un ejemplo, procurando no ir más allá del cap. 1:

 Tenemos a dos hermanas gemelas, de esas tan unidas que cuando pellizcan a una la otra tambien siente el dolor. Una de ellas muere a los 15 años. Cuando regresa, su hermana tiene ya 19. ¿Y que sucede? Varias cosas: dos chicas que han crecido juntas y tan estrechamente unidas se desfasan en edad y vivencias. La “mayor”, Lena, ha aprendido cosas que la “menor”, Camille, aún no ha vivido. Lena, que había tenido que aprender a vivir sin su hermana (un aprendizaje doloroso), se ve ahora como esos hermanos mayores que se sienten lastrados por la presencia del pequeño. A su vez, Camille sigue sintiéndose como una igual a Lena, aunque ahora es todavía una chiquilla y la otra ya una mujer, y se resiste a un papel subalterno o tutelado.

Por otra parte, Claire y Jerôme, su padres se han separado en este tiempo. Camille conoció a una familia feliz y unida, Lena vivió paso a paso la desintegración de la pareja. Además su relación con su padre se ha vuelto muy conflictiva, mientras que Camille aún tiene intacta la confianza en él.

Con estos elementos ya podemos darnos cuenta de que el eje central de Les revenants está mucho más cerca de una serie de ambiente cotidiano de la BBC (White Heat, por ejemplo que es también una serie de retornos y heridas) que de los films de George A. Romero. Como no he seguido Walking Dead no puedo comparar, pero quizá algún lector pueda aportar este referente en comentarios.

¿Qué es pues Les Revenants? Pues una historia de la intimidad de las personas, de cual es el sentido del duelo y la ausencia. Pero también del “lugar en el mundo” de cada cual. No es un tema menor. Nuestro “estar aquí” depende de tal entramado de interacciones con los otros que cualquier interrupción hace muy difícil volver a la situación anterior, nada vuelve a ser como fue. Es más, podemos pasar de ser alguien “necesario” a ser un estorbo. De sentirnos dueños de nuestro mundo a sentirnos unos extraños a los que nada les encaja ya. O dicho de una manera castiza: “El que se fue a Sevilla, perdió su silla”. No hace falta morir y resucitar para darnos cuenta de esto. Cualquiera que haya intentado retomar una vieja amistad – y no digamos ya un viejo amor- se habrá dado de narices con esta cruda realidad.

 Al menos esto es así en los primeros 6 capítulos. En los dos finales se produce no ya un giro sino un cambio de registro radical. Lo íntimo deja paso a lo épico cuando las resurrecciones empiezan a convertirse en masivas. Y digo épico porque el cap. 8 tiene momentos que me remiten a “El Álamo” o “Solo ante el peligro”. Ya estábamos avisados en la sinopsis inicial: “¿Y si sólo es el principio de una convulsión mucho mayor?”. Un detalle: hasta ese momento los capítulos llevaban como título el nombre de alguno de los personajes. El 8 se titula, es significativo, La horda.

 La apoteósis final del 8, con guiños de western grande, me deja con la sensación de que ya estoy viendo otra serie. Y que la segunda temporada (que no veremos antes de 2014) va a tocar otros palos muy diferentes. No digo que esté mal, no digo que no lo vayan a hacer con maestría (porque hay que decirlo: me descubro ante la realización y las interpretaciones). Pero temo que me vayan a sacar de este rico universo de asuntos familiares y locales para meterme en una batalla generalizada entre el bien y el mal. Que seguramente será cojonuda y la disfrutaré mucho… pero no es lo que me ha hecho enamorarme de esta serie.

 Este giro de los dos capítulos finales me impide darle el sobresaliente “cum laude” y lo dejo en sobresaliente muy alto. Pero no descarto conceder ese cum laude si en la segunda temporada me convencen de que el giro ha sido para bien.

 

El final deja muchos interrogantes en el aire. Pero algunos no necesitan, para mi gusto, explicación. Me da igual que no me expliquen el porqué de estas resurrecciones. O los extraños sucesos del pantano. Han sucedido y basta. Lo importante es a dónde nos ha llevado este hecho, el cómo resolveremos los conflictos creados. En ese sentido, más que de final abierto hablaría de principio abierto: ¿Qué más da el origen de todo esto si lo que que importa es qué haremos a partir de ahora? Y si, por supuesto, se quedan en el aire bastantes preguntas que sí espero se resuelvan posteriormente. Pero no son del tipo explicación científica de nada, sino de destinos humanos: ¿quien es Pierre, por ejemplo, realmente? Pero prefiero no comentarlos hasta que la serie no esté emitida en España. Que yo sepa aún no se ha anunciado, pero es lógico pensar que, siendo una producción de Canal +, acabaremos viéndola aquí también.

Resumiendo: merece la pena verla. Mucho. Para disfrutar como espectadores pero también para tomar nota de algunos modos de hacer que echo mucho de menos en la ficción española. En primer lugar la contención. Pese al fuerte contenido emocional de la trama no se cargan las tintas artificiosamente. Si hay que llorar se llora, pero sin sobreactuar. También el uso de las elipsis, de las ambigüedades… Les revenants deja que el espectador sume por si mismo que 2+2=4. Y es de agradecer.

 

Habría mucho más que comentar, pero me resulta imposible hacerlo sin destripar las tramas. Solo adelantar que el relato avanza tanto por los sucesos presentes (que los hay y muy interesantes) como por las revelaciones de sucesos pasados, con una construcción dramática impecable . Personalmente me parece mucho más difícil y meritorio este manejo de información pasada que la creación de giros en presente. En este sentido es una serie perfecta para servir como lección práctica de qué es la ironia dramática, o sea el juego de lo que saben unos y otros y lo que sabe el espectador.

A destacar la utilización inteligente de la banda sonora. La música, del grupo escocés Mogwai, se utiliza con gran mesura, casi nunca para enfatizar emociones (las series españolas últimamente vienen muy sobrecargadas de chinchinpum). Además el volumen permanece discretamente bajo. Sí se le da un uso muy eficaz como ayuda a las transiciones entre escenas, pero han tenido el buen juicio de mantenerla alejada de los diálogos. En Les revenants los silencios son silencios. Y los personajes se miran a la cara, se acarician, se desafian… sin que suene otra cosa que su respiración. El resultado no es ningún vacio, es pura expresión.

Esta música y estos silencios refuerzan una impresión general de “frialdad” que es una decisión de estilo consciente, junto con los colores frios y apagados. La unidad de estilo es, más allá de una cuidada dirección de producción, el resultado de una circunstancia afortunada: el creador y guionista principal, realizador de la mayoría de los capítulos y productor ejecutivo es una misma persona, Fabrice Gobert. Un lujo que aquí y ahora no nos dejan permitirnos.

He disfrutado mucho con Les Revenants y he sentido una sana envidia por todo aquello que las inercias, tabús y demás leyes no escritas de la ficción española no nos dejan experimentar. Si disfrutasteis con las magnificas series danesas recientes, esta francesa os va a dar también muchas alegrías. La recomiendo sin ninguna duda.

https://www.youtube.com/watch?v=WJ7EV-HVTC0

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