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Análisis del capítulo 2×03 de ‘The Fall’: El doble juego de las amistades peligrosas


It´s Always Darkest” es el título del tercer capítulo de ‘The Fall’ y es un buen resumen de lo que vamos a ver, porque la oscuridad, en toda su intensidad, es la protagonista.

Llegamos así a la mitad de la segunda temporada con un episodio interesante e importante en todos los aspectos.

¿Historia criminal? ¿Problemas sexuales? ¿Abusos físicos? ¿Abusos psicológicos?” Y una pregunta que más o menos en español sería “¿Semilla del demonio?” Con estas preguntas da comienzo el capítulo uniendo, como siempre se hace a Spector y Gibson o lo que es lo mismo Paul y Stella. Paul Saliendo de la oscuridad del bosque, que nos hace pensar que es noche, sale a la carretera. Comienza a correr alejándose de lo que sólo la naturaleza sabe para encontrar, más bien, robar un coche. Mientras que los engranajes mentales de Stella no dejan de funcionar. Dos personas completamente diferentes que tienen un mundo que esconder.

 Como sabemos Eastwood se ha incorporado al equipo de Stella, algo que a ella no le gusta, pero tiene que aguantar, porque es su “nuevo oficial al mando“. Con Burns es más o menos sincera, pero también hace un ejercicio de cinismo o falsedad cuando se acerca a él y le da la bienvenida. Así, mientras que Paul regresa a la ciudad, Stella con los nuevos miembros de su equipo se reúnen para poner sobre la mesa los nuevos datos de la investigación. A partir de ahora se tienen que centrar en él, en Paul Spector. Gracias a que la policía lo tiene en el punto de mira conocemos más de su vida: “Peter Paul Spector. Madre: Mary, padre John Paul Spector, de profesión soldado del Ejército británico. Empezó un servicio de 18 meses aquí en 1978 en el tercer batallón del regimiento del Duque de Cumbria. Spector nació el 25 de mayo de 1979. Se casó en 2004 con Sally – Ann Goodall“. Como sabemos tienen dos hijos y Sally – Ann está vigilada por la policía, algo que Paul no sospecha. “Nuestra prioridad es encontrarlo” les dice Stella. “No sabemos casi nada de la infancia de la infancia de Paul Spector. Todo lo que tenemos es una lista de hogares de acogida que él mismo nos dio“. Además, ahora Stella está muy segura que este individuo es el asesino y está relacionado con la desaparición de Rose Stagg. Stella tras finalizar la reunión, pide a dos de sus agentes que vaya a hacerle una visita a Sally – Ann.

 

Mientras que en la comisaría el ambiente es de tensión debido a la presencia de Spector y su relación con los crímenes, Paul está en la habitación que tiene alquilada. Al llegar, Katie le dejó un regalito, toda la ropa destrozada. Se ducha, borra del espejo el mensaje escrito en italiano que la muchacha le dejó con carmín rojo. Se sienta delante del ordenador y escucha una frase que lo agrada y lo excita de la misma manera: “Lo siento por ti” la voz parece la de Rose.

Efectivamente, los dos agentes van a hacerle una visita a la que todavía es la esposa de Spector. Ella con el miedo y la intranquilidad en el cuerpo y, por decirlo de algún modo, con la mente al límite, les cuenta lo que pasó. Algo que asombra a los agentes como a la propia Stella, que los manda a interrogar a Katie. En esta visita la adolescente nos asombra de nuevo. Con una pasmosa tranquilidad responde a todo, pero cambia un poco la historia de forma que Paul no sea sospechoso. No es la única sorpresa que tendrá Stella, Eastwood le confirma que la casa de Rose está vigilada y que su marido recibió una visita que duró unas dos horas. La visitante, Reed, la forense que tan cercana es a Stella. Cuando los agentes regresan y le dan parte, las coincidencias o las casualidades dejan de serlo para convertirse en algo más tétrico y siniestro. Stella ya sabe que Paul estuvo en el mismo lugar y a la misma hora en los lugares frecuentados por las víctimas.

Dormido, completamente dormido, pero su mente le juega una mala pasada con lo que parece una pesadilla. Un maniquí con peluca morena, sentado, con los brazos y las piernas dobladas como si estuviera posando. Paul se despierta, descentrado, descolocado por la imagen que acaba de ver. Él la considera bellísima, pero nunca antes lo había visto en sueños. Realmente, haberlo soñado le dejó muy mal el cuerpo. Tanto que se tiene que levantar para refrescarse, pero otra vez su mente se la vuelve a jugar cuando al mirarse en el espejo la imagen de Rose, en la misma posición del maniquí y sentada en la cama, lo asusta. Se vuelve, Rose desaparece, no está. Se intenta relajar, intenta poner todo en orden y que todo vuelva a girar como lo hacía. Sale a comprar ropa, porque Katie lo dejó bajo mínimos. Mientras está probando ella lo llama y le cuenta que la policía fue a visitarla. Esta revelación no gusta a Paul, lo pone tenso y nervioso “¿me estás tomando el pelo?“. Ahora sabe que algo pasa y le pide a Katie quedar para esa misma noche. Pero antes de nada debe cambiar la matrícula del coche que robó.

Esa misma tarde la policía hace una rueda de prensa sobre Rose Stagg. No sólo habla Eastwood, sino que también lo hace su amado esposo. Él aparece todo compungido, más que nada es una pantomima de cara al exterior. Stella, conocedora de la verdad sobre el matrimonio, no aguanta oír a ese marido – farsante y se va a su despacho para no seguir viendo una mentira, cuando hay una amistad peligrosa que lo cambia todo.

 

Esa noche ocurren varias cosas: la primera es que la policía científica está trabajando en el lugar desde donde Paul llamó a Stella. Allí encuentran las huellas de los neumáticos y la carcasa de un móvil (el de Rose. Lo sabemos porque en el primer capítulo lo vimos), pero no se encuentra el aparato. En esos instantes aparece un coche por la carretera, Paul, que no contaba con la presencia policial y mucho menos con Stella, apaga las luces, da la vuelta y se marcha no si antes regalarle, sin que ella lo sepa, una bellas palabras: “que te jodan, Stella. Que te jodan“. En ese intervalo de tiempo Stella copia la matricula y envía a un agente a que la busque. A los poco minutos sabrá que se trata de una matrícula falsa y como de un jeroglífico se tratara, Gibson descubrirá la verdadera y hasta localizarán la zona en la que se robó. Todo apunta a que la policía tiene muy cercado a Spector. Para sorpresa de todos, Stella, todavía en el lugar donde trabaja la científica, recibe la llamada de Reed que le pide verla. Una cita que acepta tras enterarse de una posible aventura con el marido de Rose.

Lo siguiente que sucede es el encuentro entre Katie, que mientras espera la vemos sumergida en esa extraña tranquilidad y el orgullo de verse de nuevo con Paul. A él lo vemos más nervioso debido a los últimos acontecimientos, como por verse con la chica. La cita es en un tranquilo bar que está a rebosar de gente. “¿Cuéntame que ha pasado?” dice Paul nada más sentarse. Ella se lo relatará y le dirá cosas tales como: “estoy protegiéndote“. Paul se mantiene tranquilo, le razone que él no es el asesino que ella quiere o le gustaría ver en él. “Dime qué eres, ¿quién eres?” A lo que él responde: “Muchas cosas“. Ella quiere mostrarse ante él, como lleva haciendo desde principio de temporada, como una mujer adulta, algo que Paul, como psicólogo que es, le muestra que no es así. Descubrimos que la pequeña Katie juega en internet a cambiarse la identidad, algo que divierte a una parte de Spector y a partir de ahí le cuenta una verdad a medias.

Le explica que él está interesado en los casos, ella presta atención, está encantada porque piensa que él se está abriendo a él. Aunque los espectadores sabemos que no. Hasta que llega el momento álgido de explicación “una mujer inglesa (…) y la que estaba al mando (…) me di cuenta en la rueda de prensa (…) su blusa de seda estaba abierta (…) muy abierta (…)” Así Paul comienza a analizar a Stella: “parecía muy guay, muy relajada, muy segura de sí misma. Superior” y comparándola con el policía irlandés que tenía a su lado. Esa superioridad que ella tiene como inglesa es lo que más cabrea, en apariencia, a Paul. A parte Spector muestra algo que ya veníamos sospechando, su interés por Stella. Otra verdad a medias: “así que escribí una carta fingiendo ser el asesino“. Lo que no nos debería sorprender y nos sorprende es que Katie quiere ayudar a Paul en lo que sea haciendo lo que sea. Katie convence a una parte de Paul, por lo que le da un móvil ¿quizá se trate del móvil de Rose? Con él tiene que crearse perfiles en redes sociales, debe utilizarlo, utilizarlo mucho y termina diciéndole que “hay mucho más que hacer que eso“. Envía a Katie esa misma noche a entrar en su casa familiar por la puerta trasera (comete allanamiento). Mientras él se va al hotel donde se aloja Stella, entra por la cocina lo que le permite controlar su pedido (ella pidió que le subieran la cena) pero Paul da un paso más allá.

Nos marchamos con Stella a su habitación. Allí donde, más o menos, se relaja aunque se lleva el trabajo con ella. Controla la hora, ha quedado con Reed. Por ello se cambia de ropa. Llega al bar donde quedaron, Reed todavía no ha llegado. Una vez que están juntas Reed le pide disculpas por lo que pasó cuando se estudió el cuerpo del policía fallecido. La conversación deriva en el marido de Rose Stagg, Tom. Stella se lo echa en cara. Pero si nos detenemos en la escena, lo que parece entre ellas dos es una tensión sexual no resuelta, hay una atracción que las invade y que las lleva a tener esos comportamientos erráticos. Todo se para cuando Stella recibe una llamada de la comisaría, debido al allanamiento de morada que hace Katie. Durante bastantes minutos deja a Reed sola, hasta que aparece un abogado, que sabe quienes son esas dos mujeres. Reed no esta cómoda por lo que cuando irrumpe Stella en la escena nos deja a todos perplejos. Besa a Reed en los labios, algo que deseaba, prácticamente, desde que la vio. Ese beso, ese arranque de Stella lleva a las dos mujeres a ponerse enfrente de la puerta del ascensor, pero Reed se ve superada por lo que va a suceder y se va.

 

Pero Stella Gibson se va a tener que enfrentar a Burns, que llamará a su puerta algo borracho, lo que le provoca que la vieja llama de la pasión que había entre ellos y que parece que no se ha apagad todavía, mueva a este hombre. Él quiere tenerla de nuevo entre sus brazos, pero ahora es ella la que dice no. ÉL no parece entenderlo, por lo que ella reacciona dándole un golpe en la nariz. Mientras que le hace las curas, Burns le revela algunas cosas: “el día de la reunión vi una lista de las casas (de acogida) en que Spector dijo que fue acogido. Una de esas casas las conozco. La conozco muy bien. La dirigía un pedófilo“, a partir de ahí da ciertos detalles de ese personaje que todo hace indicar que era cura.

Lo que no saben es que no están solos en la habitación. Cuando Stella se fue a reunir con Reed, Spector entró en su habitación. Lo observa y lo mira todo. Cajones, armario, toca las blusas porque le gusta sentir el tacto de la seda sobre piel y el olor que quedó impregnado cuando se la puso. La ropa interior, las cremas y productos de belleza que hay en el tocador. Pero de todo hay algo que llama su atención. El diario. Esa libreta de piel color marrón que hay encima de la mesita de noche donde Stella escribe todo lo que la turba, le da miedo, lo que recuerda, sus pensamientos más íntimos. Como si se tratara de un libro antiquísimo, pasa las hojas con cuidado, lo lee con detenimiento, le saca fotos para llevárselo consigo y así raptar una parte de ella. Está a punto de salir de la habitación cuando recibe un mensaje, es de Katie con la foto que se sacó con la camiseta donde está la foto del retrato robot. La hizo en casa de Sally – Ann. Pero otro ruido llama su atención: el ascensor. Alguien viene. Stella. Tiene que esconderse. Increíblemente es testigo de la conversación con Burns.

El final lo podemos dividir en dos: por un lado Paul tiene a Katie conectada a una red social por la que se puede mantener un vídeo llamada. Los dos están desnudos mientras hablan, “¿qué te gustaría?” Katie pregunta: “¿Qué llevas puesto?” Paul responde “nada” ella le dice: “demuéstralo” y muestran su desnudez. Esta relación es cada vez más peligrosa porque no sabemos a dónde puede llegar, Katie se ha metido en la boca del lobo sin saberlo y Paul se está divirtiendo. Recordando el final de la segunda temporada de Sherlock, nos viene una pregunta a la mente: ¿cómo ha salido de la habitación sin que nadie se enterara? Por último Stella, instalada en la tranquilidad de la habitación y comiendo chocolate, enciende su ordenador. Todo estaba como lo dejó cuando se fue. Nada está fuera de su sitio, nada le llama la atención, salvo…el salva pantallas de su ordenador. Un cuadro le hace saber que no está sola y reacciona cogiendo su pistola, pero es cierto está sola. Dentro de la confusión y de su intento de mantener la mente fría, se da cuenta de su diario, donde hay una nota: “Stella Gibson, qué bien te conozco ahora“. La oscuridad de la que hablamos al principio se cierne sobre, porque se ha convertido en el cazador cazado.


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