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Análisis del capítulo 2×02 de ‘The Fall’: Dos obsesiones muy peligrosas


“One Named Peter” es el título que recibe el segundo episodio de la serie inglesa ‘The Fall‘. El capítulo sigue donde lo dejamos la semana pasada.

Paul sale de entre las sombras para empezar a mostrarse, pero le rodean dos mujeres que, por circunstancias diferentes, se están obsesionando con él sin saberlo.

Una pesadilla acecha a Stella mientras recorre los pasillos de la comisaría en camisón y cubierta por una fina bata de raso. Hay sombras, muchas sombras a través de los cristales. Lleva su pistola y apunta a todos los lados, un hombre encapuchado, que nos recuerda al asesino, la llama, le dispara y para nuestro asombro es el detective fallecido, Olson. ” Y los sueños, sueños son” escribió Calderón de la Barca, pero muchos veces, cuando los recordamos, tienen la fuerza suficiente para revolvernos las entraña, paralizarnos el cuerpo y revolucionarnos los pensamientos. A Stella le pasa todo los mismo, aunque en su caso tenemos que añadir su obsesión por el asesino en serie que se le escurre de las manos.

Paul está obligando a Rose, su antigua amante, a escribir una nota. Ella tiembla como una hoja, algo que a él lo incomoda. Se la lleva con él provocando en ella vivir una “pesadilla” completamente real. Él está parco en parco en palabras, a ella los nervios no le permiten pronunciar los monosílabos. Sin saberlo la hija de ella es testigo, desde la ventana, de como el desconocido se lleva a su madre. Sin querer Paul deja un testigo presencial. La desesperación lleva a Rose a escapar, pero no puede, “el seguro para niños está puesto” le dice con calma Paul. Ella, que ya se ha desabrochado el cinturón lo mira, pero en ese instante él la abraza para despistar al camión policial que se pone al lado del coche. “¿A dónde me llevas?” No le responde, aunque pronto conocemos las razones que han llevado a Paul a buscarla. El retrato robot que le está causando tantos sin sabores. “Fuiste a la policía, Rose” Ella es clara y contundente, no. Pero no la cree y la acusa de ese retrato policial. “Pero tú no eres él o ¿lo eres?” Él también se vuelve claro y contundente: “No, no soy él“. A partir de ahí ella se defiende constantemente, para Paul no hay vuelta atrás porque “tú me has traicionado“. Llegan al lugar escogido por Paul y Rose se pone más nerviosa. Una vez fuera del coche forcejean. Paul es mucho más fuerte que ella, por lo que le es imposible salir corriendo. Grita desesperada, nadie la escucha. Su inconsciente sabe que él le hará daño, sabe que lo más probable es que no salga con vida.

Por la mañana las imágenes se suceden rápidamente: el marido de Rose encuentra la nota mientras que esa casa se despierta por la mañana temprano; Katie y su amiga van a clase y se encuentran con un despliegue policial inmenso. Mientras que su amiga teme por ese desconocido asesino, Katie está completamente tranquila, demasiado. El último es Paul, que abandona la casa donde, la noche anterior, llevó a Rose. De ella ni rastro.

La policía científica está estudiando delante de Stella las tijeras que se encontraron en el río. No le dan muchas esperanzas de encontrar algo, ya que el objeto ha pasado mucho tiempo sumergido en las frías aguas y lo más probable es que no haya pistas. No son buenas noticias, pero Stella, aún así, les da instrucciones. Un vez en comisaría, pregunta por Rose. Nadie la ha visto, ni tampoco ha llamado. A Stella le suena bastante raro ya que tenían una cita, pero confirmar que no ha ido al trabajo es preocupante, como el hecho de que en su casa nadie responde. Al final consigue ponerse en contacto con su marido al que hace preguntas, al cual irá a ver. Ya hay una idea que ronda por la cabeza de Stella. Una vez que se ven comienza el interrogatorio, lo único raro que el marido vio fue el protector bucal no estaba donde ella lo suele dejar. “¿Debería preocuparme?

 

Mientras que el interrogatorio avanza, una agente de policía acompaña a la hija mayor de Rose. “Si Peter Piper picoteó n pedacito de pimiento picante, ¿dónde está el pedacito el pedacito de pimiento picante que Peter Piper picoteó?” Es el trabalenguas que Paul le enseñó a la niña y ella a la policía. La agente se queda sorprendida cuando la niña le dice que su mamá tiene un amigo que se llama “Peter Piper” y además ese hombre “estuvo aquí anoche“.

Paul llega a la ciudad con el coche de Rose. Lo esconde en lo que parece un viejo garaje. Observa todo lo que se mueve a su alrededor buscando si alguien o algo lo observa. Una vez dentro se escucha un sonido. Procede del móvil de Rose. Ha recibido un mensaje de Stella recordándole que tenían que verse. Esa llamada desconcierta a Paul, le rompe los esquemas, como también lo hace la voz de la detective. Se va al hotel donde, después de desayunar, descargar las fotos en el ordenador, saca la tarjeta y la guarda detrás de un enchufe. Todos estos pasos, para quienes hemos visto la primera temporada sabemos lo que significan.

Burns va a ver a Stella a casa de Rose para decirle que no está de acuerdo con lo que hace. “No se trata de una desaparición voluntaria” le dice convencida. “¿Cómo lo sabes?” Ella le dice que es un “secuestro” y además la casa es la “escena de un crimen“. Stella sigue con sus explicaciones cuando la agente, que estaba con la niña, los interrumpe para contarles lo que dijo la niña. Las noticias los dejan asombrados. Pero lo peor está por venir cuando Burns le dice que “le voy a dar el caso a Eastwood” porque Rose sólo lleva desaparecida “doce horas” y si el equipo de Stella lo investiga saltarán todas las alarmas en lo medios de comunicación. Además le hace una advertencia: “No puedes ver más allá del asesino“. Ella le hace saber que lo que ha pasado “es mi culpa“. El enfado con Burns desaparece cuando le comunican que se ha encontrado “un recibo de las tijeras entre los papeles de Annie“.

Paul llega a la fundación Alice Parker Monroe, una de las víctimas del asesino. Una de sus víctimas. Tiene que cubrir un expediente, pero como le pasó en el tren, ha vuelto a encontrar otra mujer a la que mira fijamente, la estudia mientras ella trabaja ajena al hombre que hay sentado al otro lado de la sala. Después de estar en la fundación, va directo al hospital donde se encuentra la chica que sobrevivió a su ataque. Es pa primera vez que, tras aquella noche, la ve. Antes de que el encuentro suceda, habla con una de las agentes que hacen guardia a la puerta de la víctima. Le hace saber que “he leído las notas del caso y conozco el trasfondo” y reconoce que “una terapeuta femenina” sería muchísimo mejor. Él como terapeuta voluntario que fue, se mete en el papel de forma increíble, conoce todos los procedimientos y poco a poco, hablando de forma pausada, va convenciendo. Así, dando las mayores de las confianzas, se produce el tan ansiado encuentro. Ella lo deja entrar.

 

La conversación transcurre tranquilamente, entre preguntas y respuestas. “Me siento culpable“, “es vergüenza“. Él la escucha, mientras que mantiene una fría calma. “¿De qué estás avergonzada?” Ella se abre a él explicando lo que había hecho y que ahora no se lo puede quitar de la cabeza. “Una web para adultos” que la llevó, según ella, a las manos de su agresor entre las fotos y el vídeo donde daba a conocer que quizá podría gustarle el bondage. El recuerdo la agita, por lo que él intenta explicarle la diferencia entre lo que se consiente en el dormitorio y la agresión que ella sufrió. Hay que recordar que este mundo del bondage, la dominación – sumisión no cogía de nuevas a Jamie Dornan porque ya había rodado la película Cincuenta Sombras de Grey. Volviendo a la serie, observamos como en ningún momento la vemos incómoda ante la presencia de Spector. En su papel de buen terapeuta, le dice lo que tiene que decir, que ella no es culpable de nada de lo que le pasó, porque todo “recae en él y sólo en él“. Le pregunta por su diario y ella le contará que le dijeron que le ayudaría, pero que no lo ha leído. “Bueno, tal vez ayude o tal vez no” a lo que añade que los recuerdos y el pasado pueden destruir “el presente y el futuro“. Se despiden, todo fue a pedir de boca. Paul, en su papel de terapeuta amable, le promete que le mandará una peluquera, ya que ella no usa esa goma que una amiga le dio (Paul aquí sospecha algo de esa tal amiga) y que la verá “pasado mañana“.

Stella se va a la morgue donde se tienen las nuevas pruebas. Allí interroga a la forense, esa mujer con la que Stella ha creado un química diferente a la que tiene con otras mujeres. Ella le contará que el domingo vio a Rose. En un intento de saber lo que cada una piensa, Stella afirma que a lo mejor es normal que se marchara, a lo que responde la otra: “¿Crees que sólo ha pasado? ¿Qué simplemente se ha marchado?” Algo que nos sorprende es que estas dos mujeres se culpabilizan de lo que le ha podido pasar a Rose. Cuando se centran en las tijeras la forense es clara “no hay nada que indique que no puede ser el arma homicida“.

   

Al salir de la habitación se entera, por una llamada de Sally que su hija ha desaparecido, que se la llevó Katie contando una mentira y le dice que va a llamar a la policía. La intenta calmar diciéndole que él se ocupara, pero para hacerlo debe descubrirse: “Desde ya. Hoy. He vuelto“. Paul va al jardín, donde le gustaba estar con su hija cuando Sally lo llama preocupada, pero no las ha encontrado todavía. Pasea entre las plantas cual depredador buscando a la presa. Sin hacer ruido, manteniendo la calma y escondiéndose las encuentra. Entre el silencio que mantiene lo más desconcertante es el interrogatorio que le hace Katie a su hija. Lo que parece que empezó como un juego de una adolescente que se enamora de un hombre maduro, va a más allá uniéndose peligrosamente a la obsesión.

Sale a su encuentro y la niña corre hacia su padre. Paul, guardando la furia en su interior y dejando el rostro inexpresivo le da a la joven la lleva de la habitación donde se aloja. Ella se emociona creyéndose vencedora y su siguiente paso es hacer una copia a la llave.

Una Sally cabreada, muy cabreada recibe a su hija y al hombre que era su marido. Pregunta dónde las encontró, él no miente: “en el parque“. La situación es tensa, pero él deja las cosas claras, Katie no quiere herir ni a los niños ni a ella, sino a él. También deja claro que lo que la muchacha le dijo son “fantasías” y “no hubo ningún ataque, ninguna violación ni nada“. Ella le cuenta lo que la niña le dijo, él lo niega, aunque ella es clara con sus intenciones: “te quiero fuera de esta casa ya“. Pau va a junto de su hija y comienza a preguntarle por Katie, la niña le dice que ella sólo hacia preguntas sobre Escocia y el collar. Se despide de ella diciéndole que “tengo cosas que hacer” y se funde en un tierno abrazo. Cuando baja las escaleras, Sally está viendo un vídeo de Katie y dice, sin inmutarse, que no quiere tener el hijo que espera de él, algo que Paul no acepta. En esos momentos de tensión descubrimos algo de la historia familiar este hombre al que conocemos con el nombre de Paul Spector, pero que se hacía llamar Peter Piper.

El recepcionista de la pensión observa desde su puesto como Katie entra y sube las escaleras. La sigue y la encuentra en la habitación que está a nombre de un hombre. Lo más llamativo es que esa muchacha se está desnudando. Cuando Paul entra en la habitación, no sospecha que el recepcionista esté escondido en el pasillo. Katie vuelve a echarle un pulso poniéndose a leer uno de los libros que están en la mesita de noche. Paul da rienda suelta a su furia colocándole una mano en el cuello y recordándole las veces que le dijo que se apartara de su familia, algo que ella no parece entender. “¿Qué vas a hacerme?” Su mano se va cerrando cada vez más en el cuello de la chica hasta que dice: “Mátame“, hasta que la suelta. Está como aturdido ante lo que dijo, ya que la acusación de asesino que le dio en el capítulo anterior vuelve a estar presente. Le pide que no juegue con él y “no estoy jugando” le dice ella. Pero ahora es Paul quien la cabrea cuando le llama “niña“. Ella se lo advierte y él  le recuerda que sólo tiene 15 años. La tensión entre ellos aumenta, cuando Katie le recuerda todas las cosas bonitas que le decía, sin poder resistirse él le responde que sólo le regalaba los oídos. Ella le escupe. Pero cuando pensábamos que no podíamos tener más sorpresas, Spector da una vuelta de tuerca. Haciendo pensar a Katie que va a cumplir sus fantasías más húmedas, la ata a la cama, se desnuda, pero… se vuelve a vestir. Las ataduras están flojas, sólo quiere que piense.

 

En mitad de la noche y de la carretera, Stella recibe una llamada de un agente de su equipo. Hay noticias del laboratorio. Hubo suerte, se encontró una huella parcial y pertenece a Paul Spector. Stella llega como un huracán a la comisaría, mientras Paul conduce en la noche hacia el lugar a donde llevó a Rose, pero al llegar se encuentra con un coche. Stella lo recuerda ya que lo interrogó para uno de los casos que investigan. Aquel interrogatorio fue grabado y quiere oírlo ya. Cuando ve su foto recuerda verlo en la comisaría caminando hacia ella. Stella está confundida y sorprendida a parte iguales. Nadie investigó a ese individuo, está recriminando las equivocaciones cuando Burns la interrumpe para decirle todo lo que ella pudo hacer mal. Sus pensamientos cambian cuando alguien llama desde el móvil de Rose, detrás Peter Piper. Su última frase “…nadie puede burlar a la muerte” es la que despide el capítulo. Cuando regresa al coche, sabemos que la vida de alguien pende de un hilo.


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