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Análisis del capítulo 1×08 de ‘Outlander’: Una promesa incumplida, un héroe y una risa mléfica


Todos los finales son tristes. Algunos te provocan lágrimas, otros te enfadan, el desasosiego encoge tu interior que no sabes cómo calmar o simplemente te dejan con ganas más.

Esta última frase vale para describir como te deja el capítulo octavo, final de mitad de temporada, de Outlander. Un final que termina con una risa maléfica, un héroe y una promesa incumplida.

Ser o no ser, esa es la cuestión (Hamlet; William Shakespeare)

Con esta frase podemos abrir el análisis de hoy de Outlander. Esta pregunta originalmente se la hace el príncipe danés Hamlet, pero es la misma que se hace Claire casi al final con otras palabras: “¿quién quiero ser?Una pregunta sencilla que se ha vuelto complicada por los últimos acontecimientos. En esta ocasión y a diferencia de los últimos capítulos, viajaremos intensamente entre dos épocas: por un lado el siglo XX, por el otra el s. XVIII. En un momento y pareciendo imposible estarán más cerca de lo que nos podamos imaginar.

El primero, la actualidad, está lleno de preguntas sin respuestas, de palabras que retumban en los oídos y en la mente de Frank, compartidas, en cierto modo, por Claire: “¿Secuestrada?” “¿Muerta?” “¿Le había dejado por otro hombre?Nadie, ni tan siquiera la policía puede dar con la solución a una desaparición como la de ella. Sin rastro, sin pistas, sólo tiene un recuerdo.

 

Aquella noche en la que regresaba de la casa del reverendo y vio a un hombre que observaba desde la calle a su esposa. Ella, sin saber que era objeto de miradas indiscretas, se cepillaba el pelo mientras lo maldecía porque se le encrespaba con la humedad de Escocia. Frank, movido por la curiosidad como por los celos quiso llamar la atención de ese desconocido que vestía con los atuendos típicos de las Highlands. Ese hombre que no le quitaba ojo de encima a su Claire, se apoyó en el pedestal de la estatua que divide la calle. Frank se acercó, lo llamó, el desconocido desapareció.

 

Aquel suceso se le quedó tan grabado en su mente que el dibujo de dicho hombre cuelga en el corcho de la comisaría en la que Frank denunció la desaparición de su amada esposa. Su presencia ya es más que frecuente en dicho lugar. El detective cansado, le repite lo de siempre. Las líneas de investigación son inamovibles, no hay sangre, no hay pistas en las que investigar. Frank es claro: “Mis expectativas sobre su departamento fueron muy bajas para empezar, y puedo asegurarle que ha cumplido esas expectativas en todos los sentidos”. A partir de aquí todo sucede muy rápido, entre disculpas y defensas por parte del detective, recriminaciones por parte de una marido desesperado, que sólo hace una pregunta: “¿Tiene alguna idea de lo que ha podido pasarle?” La frustración de uno se hace eco en el otro: “Es su amante y los dos se han marchado juntos” palabras que revientan a Frank y sacan lo peor de él reflejando un rictus similar al de Jack Black.

 

Su anillo, su alianza de matrimonio es lo único que le queda de ella, lo único que lo ata a ella, el último vínculo de unión. El reverendo y su esposa lo ayudan en todo lo que tienen, de hecho han montado un tablón con todo lo ocurrido: hay desde folios, hasta recortes de prensa intentando reconstruir el extraño caso de la desaparición de Claire Randall. El reverendo, un apasionado de la historia de Escocia, está volcado en ayudar a su buen amigo Randall. “¿Qué hay del río Findhorn?” pregunta el hombre. A partir de aquí construye una buena teoría que debería interesar a la policía, pero tampoco ayuda a Frank. Entre tanta vorágine de teorías él se pierde en sí mismo sin encontrar una luz al final del túnel.

 

En ese momento entra en escena la esposa (druida) del reverendo con varias tazas de té. Detrás de ella un niño pequeño, moreno, regordito la sigue con una plato de galletas. Roger se llama (no te olvides de su nombre, porque es importante para el futuro de la historia). Pide permiso para coger otra galleta, el reverendo lo hace reír, mientras que ella le dice que se vaya a acostar. Esa risa infantil abre una nueva grieta en el corazón de Frank. Claire y él también estaban ilusionados con la idea de formar una familia, de tener hijos, llenar una casa con risas infantiles. Todo quedó en nada. “Creo que necesito algo un poco más fuerte” le dice Frank a la mujer del reverendo cuando le ofrece el té. El buen matrimonio ya no saben lo que hacer. Lo han hospedado en su casa desde lo ocurrido, lo han visto apagarse, consumirse como una vela a la que ya no le queda mecha que quemar. Se va a un bar, a beber, quiere olvidarse por un instante de su vida pensando que el alcohol es su único amigo. A medida que termina los vasos, el desasosiego parece diluirse, pero es sólo una simple sensación.

 

Inesperadamente una mujer joven en apariencia, rubia, se sienta a su lado. Lo llama por su apellido, familiar en la presa escocesa. Puede referirse a ella como “Sally” y trae algo que le puede interesar. Le enseña el dibujo robot que la policía hizo del escocés. “Sé dónde está él” Las entrañas de Frank despierta, “cerca” dice ella, Frank se retuerce en el taburete en el que está sentado. Para llegar a él, ella le proporciona el lugar y la hora a la que se encontrarán, sólo hay una condición: “ven solo y trae la recompensa”. Frank no la deja irse tan fácilmente, hay preguntas: “¿Está ella con él? Mi esposa.” La respuesta es cuanto menos confusa “no lo sé”. Él mira su reflejo en el espejo que tiene enfrente, sólo ve una sombra del hombre que hasta hace poco era. La oscuridad se cierne sobre él, pero una pequeña luz es lo que le ha proporcionado esta mujer, una luz que ni la policía puede darle.

 

A la hora y en el lugar señalados, Frank acude a la cita. La verdad que e que no pinta muy bien, todo parece una estafa, una trampa. Ella lo lleva a lo que parece un callejón, donde Frank es golpeado y acorralado por dos tipos. Se defiende, de hecho los acaba tumbando a los dos, no sin antes ensañarse con uno de ellos moliéndolo a palos. Asustada, la mujer grita. Frank es incapaz de para, sigue golpeando al hombre. El dolor y el malestar los descarga en ese cuerpo tendido en el suelo. Caundo termina con él, agarra a la mujer por el cuello, comprendiendo que ha sido víctima de una farsa, ella asustada y sin casi aire en el cuerpo canta la verdad. Frank cada a día, hora, minuto, segundo que pasa se parece más a Jack.

 

Está de moda en esta era moderna, desechar la idea del bien y el mal, pero hay maldad y encuentra cobijo en hombres buenos dándole al pecado el dulce sabor del éxtasis”. Estas son la palabras del reverendo cuando se entera del altercado. Le recuerda que él sólo ha probado un sorbo muy pequeño de la maldad, simplemente la ha saboreado. Lo que el reverendo le pide es que no siga por ese camino, que no permita que la maldad se adueñe de él y corrompa su alma, porque después no habrá vuelta atrás. “…vuelva a la luz” le dice el buen hombre. Muy fácil decirlo, muy difícil el hacerlo cuando la luz de tu vida se ha apagado desde el momento en que Claire desapareció. Ella era su luz, ella era la que lo mantenía alejado de todo lo malo, ella era su razón de ser. Tomando una gran decisión el reverendo le pide que se marche, que deje todo atrás y continúe con su vida, “déjela marchar” le dice, a lo que Frank se rompe más. Ante la duda de Frank, la que le corroe el corazón, la posibilidad de que su amada se haya marchado con el highlander, el reverendo le responde lo que diría Sherlock Holmes: “Cuando eliminas lo imposible,lo que queda, por muy improbable que sea, debe ser la verdad”.

 

La decisión ya está tomada, se marcha y retomará su vida en Oxford como se había planeado antes de que ella se marchara. En el fondo no se quiere ir, pero debe hacerlo por su propio bien tanto físico como psicológico. Abre la maleta de Claire donde están sus cosas y entre ellas su foto de bodas. Una imagen que parece, tras los acontecimientos, una farsa, pero en el fondo quiere pensar que esa imagen todavía tiene un sentido. la mujer del reverendo ya no aguanta más: “Tiene derecho a oírlo y hacerse su propia opinión”. El reverendo tampoco se calla, ya que para él la historias de su esposa son cuentos de viejas. Frank aparece y le pregunta: “¿Hay alguna cosa que desee decirme, señora Graham?” Ella le explica la historia de las piedras de Craigh na Dun. Todas las historias, poemas o baladas cuentan la misma historia, la gente viaja a través de las rocas. No se traspasa la piedra, porque Craigh Na Dun es un lugardonde se juntas las fuerzas de la naturaleza” y “para ciertas personas, en ciertos días, les permite atravesar el velo del tiempo”. Pero las canciones no solo hablan de canciones, sino de regresos también. Frank es sincero cuando dice que no cree en esas cosas.

 

Efectivamente, Frank coge el coche y se marcha rumbo a Oxford, pero en el camino, cuando ve el desvío hacia el círculo de piedras lo toma. Es cierto, no cree en las supersticiones, historias, ni leyendas, ni cuentos escoceses, pero el ímpetu y la fuerza de las palabras de la señora Graham lo llevan a dar marcha atrás y tomar el camino a Craigh na Dun.

 

Mientras en el S. XVIII, la vida continúa. Jamie y Claire están viviendo una humilde y apacible luna de miel. Su cercanía cada vez es mayor. No pueden evitar tocarse cuando están juntos. Un deseo casi irrefrenable e imposible de apagar se ha instalado entre ellos. A simple vista todo el mundo diría que son un joven matrimonio enamorado. Están comiendo en lo alto de una colina, en un silencio que para nada resulta incomodo, pero Jamie, al ser inexperto, tiene una pregunta: “¿Es norma, lo que pasa entre nosotros cuando te toco, cuando estás acostada conmigo? ¿Siempre es así entre un hombre y una mujer?” Mientras pregunta se cogen de la mano, sus dedos se entrelazan, se acarician, es como si hieran el amor. La respuesta de Claire afirma lo que él sospechaba: “No, esto no es normal. Es diferente”.

 

El romanticismo de la escena se rompe con el disparo de una flecha. Jamie, para protegerla, se tumba casi encima de ella. Pero no hay peligro, se trata de Hugh Munro, un viejo conocido y amigo de Jamie. Este particular hombre, que habla mediante gruñidos, es el que le pide a Jamie que le presente a la joven que está con él: “Es Claire, mi esposa” y como se considera todo un caballero le hace una reverencia. Su buen amigo le dice dos cosas, una que hay que brindar por su bella esposa y la segunda son noticias que le van a interesar. “Regalo de bodas” dice Jamie, cuando Munro le da a Claire una piedra roja de gran tamaño conuna libélula” en su interior. Ella pregunta que son esas pequeñas medallas, Jamie le explica que “son licencias para pedir, sassenach”. A partir de ahí nos enteramos de la triste historia de Munro en manos de los turcos, quienes le cortaron la lengua y le quemaron las piernas. Las noticias que tiene para Jamie son bastante buenas, ya que ha oído hablar de un tal Horrocks.

  

Al despedirse de este agradable personaje, Claire no lo duda y le da un beso en la mejilla. Tras su marcha Jamie explica que puede “que retiren el precio por mi cabeza” porque hay “un testigo” que “vio quién mató realmente al sargento” es “un desertor de los casacas rojas”. Jamie tiene sus reticencias, pero aun así son buenas noticias porque significaría “un oportunidad de poder, finalmente, volver a casa, con mi esposa, Claire Fraser, Señora de Lallyborch”. Se abrazan, Claire se alegra por Jamie, pero cuando abre los ojos, la visión de las alianzas la sobrecoge.

 

El grupo dirigido por Dougal regresan a Leoch. El camino es largo hasta el castillo, por lo que tendrán que pasar alguna que otra noche a la intemperie. Alrededor del fuego, Rupert cuenta alguna que otra historia, mientras Angus reparte whisky. Jamie y Claire están separados del grupo, aunque no mucho, creando su propia burbuja de intimidad. Sus manos siguen juntas, entrelazándose, con suaves movimientos, como serpenteando y tanteando hasta dónde pueden y no llegar. Se miran, sus ojos están cargados de deseo. Hablan de tanto en cuanto: “será la época navideña cuando regresemos a Leoch”. Claire recuerda esas fechas en el s.XX con los calcetines en la chimenea, algo que no entiende Jamie, pero el movimiento inquieto de los caballos informa al grupo que hay hombres merodeando cerca. El grupo se comunica por las miradas, ella quiere moverse aunque: “ahora, no te muevas. Todos lo sabemos”. Jamie le dice dónde debe esconderse. En lo que parece un beso de enamorados, hay detrás un puñal que le da a ella para que se proteja. No se equivocan. Da comienzo una pelea de las grandes, donde los choques de las espadas suenan resuenan en la montaña, hasta que un disparo que suena como un trueno termina con batalla. Los asaltantes eran hombres de otro clan los Grant, que robaron “un caballo, tres bolsas de grano” pero “nada de dinero”. La tensión la rompe Gowan con una chanza sobre el disparo.

 

A la mañana siguiente, mientras se recoge el campamento, Claire, Jamie y Rupert buscan el puñal. Ella lo soltó mientras miraba como luchaban los hombres, pero no recuerda donde. Rupert lo encuentra, se lo devuelve a Jamie, pero él le manda que se lo dé a ella. Claire lo encuentra largo y pesado como para usarlo en algún momento. Rupert suelta una de sus bromas y Ned se queja: “le diste un cuchillo y no le enseñaste como usarlo” le recrimina a Jamie. Siendo consciente de esa pequeña falta y ante la negativa de Claire dice que “todo hombre y mujer en el mundo tiene que saber cóomo defenderse, sassenach, especialmente los que están casados con un Fraser” (no pasar por alto la cara de Dougal ante el beso de la pareja). Con todos lo hombres mirando Claire recibe clase práctica y teórica de como usar y matar con un cuchillo, impartida por el gran maestro Angus.

 

Dougal lo dice: “Lo que necesita es un Sgian dubh” es decir un “puñal oculto” le dice Jamie traduciendo la palabra. Ned explica que es un puñal pequeño que muchos llevan en los calcetines y le da su propio puñal. Con él en la mano da comienzo la lección: “es mejor usarlo desde abajo”, porque “desde arriba solo es bueno si atacas“. Aunque mamá Murtagh y papá Dougal saben quela única arma buena para un mujer es el veneno” dice el primero, a lo que el segundo responde: “tiene algunas ciertas deficiencias en combate”. La práctica da comienzo, mientras que el gran maestro Angus sigue enseñándole la teoría a su pequeña saltamontes Claire. Los hombres dibujan sonrisas en sus caras por el entusiasmo del maestro: “si vas a matar cara a cara, aquí. Apunta derecho hacia arriba y luego tan fuerte como puedas en el corazón”, pero siempre “evita el esternón” porque se puede quedar sin cuchillo. La fuerza y la capacidad de aprendizaje de Claire los hace reír. Con Willie, como conejillo de indias, su maestro le mostrará el arte de matar a alguien desde atrás. Algo complicado por “las costillas”, pero la solución estás en deslizar el cuchillo entre ellas.

 

El deseo se vuelve a apoderar de ellos. La necesidad de estar unidos es mayor que cualquier otra. Necesitan como el respirar tocarse, besarse con urgencia, sentirse. Su sangre les quema las venas y el corazón cabalga en sus pechos como un caballo desbocado por la pasión. “Le dije a Dougal que necesitábamos encontrar alguna más de tus hierbas” explica Jamie a Claire. Necesitaban hacer una pequeña escapada amorosa. “¿Te creyó?” pregunta ella con una gran sonrisa. Él es sincero ya claramente su tío no le creyó ni una sola palabra. Vuelve a formular la pregunta: “¿Alguna vez cesa el desearte?” Ya no hay respuesta, por sus bocas sale el aire contenido, los suspiros más profundos. “Ahora ya entiendo por qué la Iglesia lo llama sacramento” dice Jamie con la voz entrecortada. Claire se sorprende por esa afirmación pero rompe en risas cuando Jamie le da su razón: “porque me siento como el mismísimo Dios cuando estoy dentro de ti”. La química, la atracción y los sentimientos hacia el otro han aumentado mucho, ellos como pareja, como matrimonio incluso han cambiado, ya no son los eran en la noche nupcial.

  

¿He dicho una tontería?” Pregunta Jamie entre risas. Claire ríe con más ganas si cabe. “Te estás riendo de mi” Le recrimina él riéndose también. Ella no lo niega, al contrario se lo afirma. Pero todo termina de la manera más brusca cuando dos desertores del ejército inglés los encuentran y amenazan con el cañón del revolver a Jamie. Claire entra en pánico. Está semidesnuda y expuesta para estos dos hombres. “(…)si es necesario, la protección de mi cuerpo también” le había dicho él tras la boda. Ahora se da cuenta que no siempre estará él para protegerla, sino que será ella misma la que tendrá que hacerlo, incluso protegerlo a él. Ante tal realidad y las intenciones de esos dos hombres, Claire comienza a temblar de miedo, impotencia, se da cuenta que está sufriendo un ataque de pánico. Pero sin saber cómo, con el inglés encima, Claire enfría la mente, coge el pequeño cuchillo y mata al hombre. El otro asombrado, se queda quieto, momento que aprovecha Jamie para deshacerse de él. Claire pierde la realidad de vista. Aunque tenga los ojos abiertos no ve nada. Es presa el pánico más absoluto, todo a su alrededor se desdibuja, nada tiene sentido, ni Jamie.

 

Está en shock. Jamie la coge y se la lleva lejos, pero no puede tranquilizarla. Ha matado a un hombre y sus manos ensangrentadas son muestra de ello. “Lo siento” le dice Jamie sintiéndose culpable. “Lo siento mucho” le repite. Ella sigue temblando y sin entonación en su voz dice un secoestá bien. Nosotros estamos bien”. Los dos se ven superados por la situaciónél porque es consciente de que ha roto su promesa, ella porque se ha dado cuenta que él no cumple lo que dice. Jamie se martiriza: “Por traerte aquí sin la protección adecuada y para que seas tú…” cada vez la soga que Jamie siente en su cuello aprieta más: “…por no detenerlo”. Ella repite como un mantra “está bien”. Jamie le coge las manos y es consciente que está helada, tan fría como si no le corriera la sangre por el cuerpo: “estás fría Mo Nighean Donn. Tus manos son como el hielo”. Él intenta calentárselas pero no hay modo. Dougla y el resto del grupo llegan a junto de ellos, encontrándose con los cuerpos de los desertores.

  

Es el shock” dice ella en bajo, “estoy entrando en shock” dice mirando como sus manos tiemblan. Jamie la deja sola para acudir a junto de su tío. “Yo sabía que él estaba preocupado por mí, sabía que él quería hablar de lo que había pasado” bajo un estado de nervios incontrolable comenzó a andar de un lado a otro “pero yo sabía que si lo hacía, si empezaba a dar rienda suelta a mis sentimientos se derramarían fuera de mi cosas que yo quería mantener encerradas para siempre“. Willie la miraba desconcertado. Ella tenía el corsé abierto y casi se le veían los pechos. “Es una conmoción” se dijo a sí misma. “Esta bien, está bien”. Mientras Dougal y Murtagh le exponen la a Jamie la situación tras lo ocurrido. Le explican que para él es peligroso ir sólo a buscar a Horrocks, ya que puede caer en un trampa, por ello todo lo acompañarán a excepción de uno que quedará con Claire. Jamie no tiene más remedio que aceptar, pero no le gusta la idea de tener que dejar a Claire sola. Cuando mira hacia arriba, ve a una mujer asusta.

 

Era tal la conmoción bajo la que estaba expuesta que Claire no recuerda nada. Se da cuenta que va a caballo por el movimiento. Lo único de lo que es consciente es que su enfado, la furia tras lo sucedido se está adueñando de ella “estaba enfada y no sabía por qué”. Jamie y ella paran mientras que el resto continúa. Jamie le explica la situación, él y el resto van a buscar a Horrocks, ella se queda en el bosque con Willie. Claire se cabrea todavía más. “No necesito una explicación” dice ella indignada, porque a ella sí que le gustaría ir con él. El orgullo, la furia, el malestar toman la palabra: “Te puedes llevar a Willie contigo”. No es capaz de mirarlo a los ojos, no puede ni quiere cuando añade: “Puedo cuidarme sola. Creo que lo he demostrado antes”. Jamie se da cuenta al instante de lo que pasa. No puede hacer nada, lo hecho hecho está, como lo pasadoSabe que cometió un error que no se perdonará nunca. “No tienes que demostrarlo otra vezdice en voz baja e intentando no dar rienda suelta a su malhumor. Le da instrucciones a Willie. Por un instante se miran. “Tú te quedas aquí” le ordena más que le dice. Comete otro error para Claire, “volveré lo prometo”, ella cansada de promesas estúpidas responde: “no deberías hacer promesas que no puedes cumplir”. Él lo reitera, porque está seguro de ello. Jamie sólo le pide una cosa: “prométeme que te quedarás quieta”, él se lo hace prometer, pero el rostro de ella dice todo lo contrario cuando de su boca salen las palabras.

   

Al ver como Jamie se aleja se da cuenta que “no estaba enfadada con Jamie o con los casacas rojas desertores, estaba enfadada conmigo misma por olvidar mi plan de hacer el camino de vuelta a las piedras de Craigh na Dun, mi plan de regresar a mi tiempo con mi marido, Frank”. En este momento el s. XX y el s. XVIII nunca han estado más cerca que nunca. Claire por un lado se aleja de Willie, comienza a caminar por el bosque y cuando levanta la vista ve el circulo de piedras. Lentamente recuerda que “la última vez que estuve aquí era Claire Randall, luego Claire Beauchamp, luego Claire Fraser”. Ahora tenía que pensar “¿quién quería ser?

 

 Mientas, Frank, que había cogido el desvío para llegar con el coche, se acerca a las piedras, como si el viento fuese conocedor de la historia le advierte que algo va a pasar golpeándole la cara. Se gira hacia la gran piedra con un nudo en la garganta y la lágrimas empujando por salir de sus ojos grita con desesperación¡¡Claire!!Sin saberlo su esposa corría hacia él cuando de la gran piedra sale el eco de la voz de su esposo. Frank, era él y la estaba esperando al otro lado. Consciente de ese detalle ella le devuelve el grito llamándolo. Al otro, en otro tiempo, Frank la escuchó. Desconcertado mira a todos los lados, no se percata que es la piedra. No ve a nadie, no hay nadie, está sólo. ¿Fue su imaginación? ¿A caso la pérdida de Claire le ha afectado tanto que está perdiendo la cordura? Sin querer flagelarse más y con necesidad de lamerse sus heridas se va. La secuencia es para verla, porque simplemente es magnífica, impresionante.

 

Unos casacas rojas se llevan a Claire, sus gritos los alertaron. Lo que menos espera es encontrarse de nuevo con su mayor enemigo, Jack Black. La llevaron al Fuerte William. Como siempre la falsedad lo acompaña allá a donde va, así lo demuestra una vez más cuando la felicita por su matrimonio. Haciendo gala de una perspicacia bien aguda se da cuenta de que mantiene su antiguo anillo de bodas. “Apego sentimental” dice ella. Él todavía no comprende porque Dougla ha preferido hacerla escocesa antes que dejarlo que la interrogara. Ella dice no saberlo. Le propone un brindis por el Rey, ella le dice que los MacKenzie le son leales a lo que Jack respondeesto es lo más divertido que he escuchado en toda la semana”.

 

Se sienta de detrás de ella y le recuerda que están en su tercer encuentro por lo cual “pretendo por todos los medios necesarios descubrir tanto su verdadera naturaleza como los secretos que mantiene”. Pero no le va a resultar fácil, porque creo que nunca hemos visto a Randall tan sorprendido con una respuesta en la que se da un nombre “Duque de Sandrigham”. Un flashback sobre las especulaciones del reverendo y Frank la llevaron a decir ese nombre. Por la reacción de Jack los dos hombres estaban en lo cierto, era el protegido de dicho Duque. Nervioso sin duda le lleva a preguntarle a esa dichoso mujer que sabe de Sandrigham. Jugando con unas cartas muy peligrosas, Claire hace caer la duda sobre Randall al darle a entender que ella también trabaja para el Duque. Jack lo pone en duda, entran en un tira y afloja, pero él deja claro que siempre puede ponerse en contacto con el Duque. Claire se hace conocedora de esa relación especial que tienen los dos hombres, mientras le coloca el pañuelo, algo que no le gusta a Jack.

   

Claire decidida a irse, coge su capa, pero Jack la interrumpe hablando de la esposa del Duque. “Un agente del duque es un agente de la duquesa”. Claire cae en la trampa, el duque nunca estuvo casado, por lo que no hay tal duquesa. Randall no le permite salir, le ata las manos a la espalda y por segunda vez la intentan violar. La amenaza con el cuchillo que ella llevaba en la bota. El tiempo que parecía congelado, se comienza a correr de nuevo cuando la ventana se abre de golpe y Jamie aparece, convirtiéndose en el héroe de la noche, de su esposa. Con una expresión de odio en su mirada y en sus facciones sólo dice una frase: “Le agradecería que sacara las manos de mi esposa”. Ante esas palabras Jack ríe de forma diabólica. Es una agradable sorpresa que el joven pelirrojo sea su esposo.

Con esta última escena se termina Outlander hasta el 4 de abril de 2015.

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