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Análisis del capítulo 1×06 de ‘Outlander’: Sangre, sudor, lágrimas y la decisión final


Antagonistas, los malos, esos personajes que más de una vez nos quitan el sueño, nos amargan, sacan lo peor de nosotros mismos. Aunque a veces, todo hay que decirlo, disfrutamos cuando los vemos en la pantalla.

Hoy, en la review de Outlander, está Él, el malo más malo de todos los malos. Acompáñanos y descubrirás más cosas sobre Jack Black.

Empezamos por donde lo dejamos en el capítulo anterior, a la espera de la respuesta de Claire que no se hace esperar: “Agradezco su preocupación, teniente, y le puedo asegurar que soy una invitada del clan MacKenzie”. Todo se debería quedar aquí, pero no es así. El joven teniente, con un toque de decepción en su rostro, no tiene más remedio que aceptar su palabra: “Como desee”, con una condición: “Sin embargo estoy seguro de que mi comandante deseará hablar con usted (…)¿Me acompañará?”. Si de condiciones se trata Dougal es todo un experto: “Si la señora va, yo voy”. Este hombre no es tonto y sabe perfectamente con personaje se pueden encontrar en el fuerte.

Por raro que parezca, Claire por primera vez está haciendo algo en contra de su voluntad, así lo expresa ella. No es para menos, porque cabalgar rodeada de casacas rojas no debería ser muy agradable. Es cierto que aquí la historia de la serie se separa un poco de lo que sucede en el libro, pero aún así se consigue el mismo efecto que al leer la obra, engancharte hasta el último segundo. Lo único que reconforta a Claire es “ser mirada con simpatía y respeto, en vez de con hostilidad y recelo”. Aunque también sabe que ahora el forastero “Outlander” es Dougal que está en territorio enemigo.

Después de varias horas cabalgando llegan al fuerte militar. Una vez allí siguen al joven Foster para mantener esa inesperada audiencia con dicho comandante. Entran en un salón elegante (para el sitio en el que están) donde Claire y Dougal conocerán al “General de la Brigada Sir Oliver Lord Thomas, Caballero de la Orden del Baño y oficial al mando del Ejército Británico del norte”. Un hombre refinado de buenos modales, educado, con lenguaje cuidado (aunque a veces roce la cursilería). Mira a Dougal como si nunca antes viera un escocés de cerca e incluso intenta ser simpático cuando le dice: “Jefe de guerra ¿eh? Diré en su favor, tiene el aspecto de serlo”. En cuanto al tratamiento Dougal es claro, se pueden referir a él como “MacKenzie” o “Jefe MacKenzie” porque “nos deja a nosotros como iguales (…)” frase que hace sonreír, levemente, a Claire.

La arrogancia y el despotismo inglés de la época no se hacen esperar. Lord Thomas, consternado ante tal afirmación vuelve a hacer una gracieta que sólo él entiende y uno de sus hombres le explica que “(..) estaba intentando decir que jefe MacKenzie será aceptable”, pero este otro acaba con una chanza que todos ríen ante la seriedad pétrea de Dougal. Por si fuera poco, dicho Lord se ríe de la forma que tiene los escoceses de hablar inglés, a lo que la mente rápida y la lengua afilada de Claire no se hacen esperar: “Debo recordarle, Lord Thomas, que hay partes en Inglaterra, Newcastle me viene a la cabeza,donde el acento local es igualmente ininteligible para nuestros oídos”. Comentario que no sienta nada bien a los comensales, puesto que no es normal que una mujer replique en público. Indudablemente ella tiene razón. Dougal ya no puedes más cuando oye al Lord elogiar a Londres (la metrópoli): “Si desea oír hablar a los londinenses, quizá debería haberse quedado en Londres”. El comentario consiguió el efecto esperado, ya que por la boca del inglés salieron cosas tales como “si se comportaran como los leales súbditos ingleses”, “regresar a ambientes más civilizados”.

Después de ese pulso, las risas vuelven al salón gracias a los escoceses, sobre todo a sus faldas de lana. “Tengo entendido que es un grave insulto preguntarle a un miembro del clan qué lleva debajo de esa cosa…” Dougal le da el nombre de la “cosas”: “se llama kilt, señor”. Pero todo se complica porque las burlas hacia Escocia y sus habitantes por parte del Lord hacen que, por dentro, Dougal esté en llamas y no se corta al decir más de una palabra malsonante. El ambiente y los ánimos están muy caldeados, hasta el joven teniente quiere desenfundar su espada, pero la intervención de Claire lo para. No nos dejemos llevar por las apariencias, aunque parece muy tranquila sus ánimos, ante todo lo que se ha dicho, están muy alterados. El Lord embargado por la emoción que siente por la trepidante actuación de Claire acaba reconociendo quela cuestión del kilt permanecerá siendo un enigma” (sobran los comentarios y la cara de Dougal lo dice todo). Mientras que para Claire son todo elogios, a Dougal lo despiden con un simple “no hay sitio”.“Estaré abajo” le dice a ella.

La tertulia es cuanto más agradable, se ve como Claire habla tranquilamente todos. Hay risas entre los presentes. Es perfecto. Todos los hombres en la mesa escuchan lo que cuenta Claire “(…) ha tenido la más fascinante de las aventurasle dice Lord Thomas muy interesado, emocionado, fascinado. No sabemos muy bien lo que cuenta, lo que está claro es que dijo que procede de Francia. Él está dispuesto a ayudarla para que llegue a Inverness y así le pregunta a Foster si habría algún inconveniente en escoltarla hasta allí. Para el joven no hay problema. La alegría embarga a Claire hasta que cierto personaje entra, y perdón por la expresión, como un elefante en una cacharrería.

Milord, es consciente de que en estos momentos…” Thomas muy molesto con la falta de modales de Jonathan Randall, más conocido como Jack “Black” Randall, se lo recrimina, ya que algo importante tiene que suceder para entre de ese modo y añade: “Está poniendo el clarete en riesgo”. Sí una frase contundente como la respuesta de Randall: “por supuesto, debemos proteger el clarete”. Cuando se retira, o al menos eso parece, se percata de la presencia de Claire. Se miran el uno al otro, el silencio se apodera de los presentes, los segundos pasan y el Lord se da cuenta que algo sucede con esos dos: “¿Estoy equivocado o ustedes dos se conocen?” Randall niega a Claire, ella hace lo mismo, pero mienten. El general los presenta, tras lo cual Jack Black hace su salida triunfal, sacudiendo el polvo de sus botas y de su casaca en umbral de la puerta del salón, a lo que se le añade el ruido que hace.

Vuelve a entrar, ahora un poco más “presentable”. Thomas cansado de Randall, de su grosería y teatralidad, le pide explicaciones. “Dougal MacKenzie, jefe del ejército del clan MacKenzie, está abajo bebiendo cerveza” más que una explicación Randall lo que pretende saber es el por qué. Su general se las da, por supuesto, pero deja claro que un general no le debe explicaciones a un capitán. Randall aprovecha un instante para hacer una broma que le va a salir muy cara: “¿Y si el capitán Randall la acompañara hasta Inverness?La expresión del capitán se contrae, baja la vista y aprieta la mandíbula signos de lo poco que le gusta lo que está escuchando.

Las chanzas sobre los “salvajes”, es decir los escoceses, vuelven a instalarse entre los presentes, hasta que el teniente Foster aclara que “La dama afirma que fue bien tratada por sus amigos escoceses”. Justamente esa palabra de amigos no gusta mucho y la lengua afilada de Randall vuelve al ataque: “No sabía que los ingleses tuvieran amigos escoceses”. En parte tiene razón, el inglés y el escocés eran como el agua y el aceite, imposibles de mezclar. Para que sus palabras tengan un mayor efecto recurre a la memoria de un soldado. Los asistentes se revuelven en sus asientos. Lord Thomas intenta obviar ese suceso, pero Claire le pide al capitán que la ilustre contándole esa historia y, por supuesto, así lo hace con cierto regocijo e intentando demostrar los salvajes que son los escoceses. La respuesta de ella es breve y directa, pero Jack espera más: “¿Es todo lo que tiene que decir?” La expectación es mayor, todos los ojos están clavados en ella. Claire, que también tiene una buena lengua afiliada, habla de los hombres que encontró colgados en unas cruces en el borde del camino. La situación no dejaba de ser un “ojo por ojo diente por diente”. Las opiniones de Claire no gustan, por lo que uno de los asistentes dice que: “vaya, ese es el punto de vista de una mujer su es que alguna vez lo he oído. Por eso es por lo que no me molesto en hablar de política con una dama”. Mas o menos sería la opinión generalizada, ya que la política era asunto de hombres.

Llegados a este punto, Randal comienza a mostrarse, a jugar sucio, sus palabras, sus comentarios pretenden levantar la sospecha sobre ella y su relación con Dougal: “quizá también compartió su cama”. La reacción de Claire no se hace esperar, no sólo está consternada por lo que acaba de oír, sino enfurecida por la mentira. Sir Thomas, que ahora, más que nunca, es un mero secundario, reacciona intentando pararle los pies, pero a Jack Randall no lo para nadie hasta que consigue lo que quiere y así ocurre. Claire, ignorando las intenciones del capitán, defiende la libertad de Escocia y su gente. A partir de aquí se van sucediendo grandes frases: “Creo que es la tierra del Rey” dice Milord. “(…) mi lealtad está con el Rey” responde Claire. “Milord, creo que la dama ha vivido entre salvajes demasiado tiempo” dice Randall. “Yo podría partir a Inverness hoy, si usted lo permitiera” le dice Claire a Thomas. La inquietud del momento se resquebraja con la entrada de un soldado que anuncia que han llegado varios soldados heridos y uno muy grave. Claire se presta en atenderlos. La dejan, como nosotros lo dejamos aquí por la escena es muy fuerte, aunque muestren las rústicas técnicas médicas de la época.

 

Cuando termina Claire vuelve al salón. Para su sorpresa sólo está el capitán Randall, que lo está afeitando un joven cabo. Esa imagen evoca aquellas mañanas en las que ella afeitaba a su amado Frank, mientras mantenían una agradable conversación. Aquellos días en los que compartían historias e inquietudes sobre los hallazgos históricos que él iba haciendo. Ahora enfrente tiene a ese antepasado del que su marido hablaba con tanto orgullo y admiración. ¿Cambiaría de opinión Frank si conociera un poco a Jack? No lo sabremos, pero se supone que sí cambiaría de parecer. Dos hombres con un aspecto físico casi idéntico y al mismo tiempo tan distintos. Frank cariñoso, amable, inteligente, respetuoso; Jack Black nada tiene que ver salvo en la inteligencia.

Claire no quiere estar con Randall, por ello pregunta por el teniente Foster y Lord Thomas, para su disgusto han salido a dar caza a un grupo de salvajes. “¿Entonces debo suponer que otro me llevará a Inverness?” La respuesta no es muy esperanzadora: “Cuando sea el momento”. Claire vs Jack, un enfrentamiento que empieza con un insulto hacia el general: “Lord Thomas es un idiota”. Por nada del mundo la dejaría escapar ahora que la tiene entre sus manos, ya que como bien dice la lealtad de Claire hacia Inglaterra, hacia el Rey ha quedado en entre dicho. Dejándonos boquiabiertos, Randall le pide disculpas por su primer encuentro en el bosque (astutamente está guardando un As debajo de la manga). Le reconoce que no se comportó nunca así con ninguna mujer pero “(…) confío en que esa honestidad sea devuelta con honestidadesta palabra la debéis recordar en el futuro.

Se sientan en la mesa y empieza el interrogatorio: “¿quién es usted? ¿Por qué está en Escocia?” Claire intenta contestar, Randall la interrumpe porque sabe que ninguna familia responde al apellido Beauchamp. Ella lo asalta demostrándole que sabe su procedencia, Sussex, algo que lo deja sorprendido para mal, porque no le gusta que sepa esa información y mucho menos cuando ella le dice que su forma de hablar lo delata. Randall da una vuelta más, si esta mujer tiene que llegar a Francia a lo mejor es francesa: “¿Habla usted francés?” Por supuesto. Muy pronto él ya comienza a faltarle al respeto, por decirlo de algún modo. Ella se defenderá, pero el punto de vista de Jack es claro y conciso: “La encontré vagando por el campo, sin más vestimenta que su ropa interior (entiéndase el vestido blanco de los años cuarenta) Cuando traté de interrogarla fui golpeado y me dejó inconsciente un villano que más tarde descubrí, que es miembro de una banda de rebeldes escoceses (..)” Sí, se refiere a Murtahg y el líder de tal banda no es otro que Dougal. Su opinión sobre ella es tan clara como agua “(..) una ramera cabeza hueca” impresionante, o por el contrario es “(…) es una agente aliada a lo enemigos del Rey” efectivamente, otro que piensa que es una espía, en este caso hay pequeño cambio de procedencia, Francia.

Haciendo el papelón de su vida, Claire se convierte en una actriz mientras le miente descaradamente, con lágrimas en los ojos y las mejillas encendidas. Su capacidad de inventiva va a más cuando Randall, no se sabe bien si por interés o porque le entretiene el cuento chino, le manda que continúe. Tras el relato, Jack coge un pequeño cuchillo, lo que parece una piedrecita, se sienta al otro lado de la mesa y comienza a dibujar en una servilleta mientras observa fijamente a Claire. “¿Cómo se llama ese hombre?” Le pregunta concentrado en los trazados del dibujo. Claire se niega a darle la identidad del supuesto hombre. “Por favor. Estaría interesado en su opinión”, le dice para que ella se acerque. Claire duda pero lo hace. Todos nos quedamos sorprendidos ante el retrato. Un retrato que bautiza como “Hermosas Mentiras”. Jack vuelve a hablarle con franqueza cuando le reconoce que Dougal recauda fondos para la causa jacobita, información que le da porque quiere encerrarlo. Claire sabe mucho y Jack la presiona con preguntas muy directas. Ella se opta por callarse.

No abandonará esta sala hasta que esté convencido” la amenaza Jack, además si no habla utilizará cualquier método para hacerla hablar. Claire revienta en ese momento, porque le viene a la mente lo que le contó Jamie, y le suelta “(…) que goza de cierta reputación en el Castillo de Leoch”. El capitán no necesita más palabras para saber a lo que se refiere. Se pone enfrente de ella y así, cara a cara, le cuenta su versión de la historia. Aquí, la serie se separa del libro otra vez, ya que este suceso se lo debería contar Dougal y no Randall. Además, una de la imágenes no permite conocer al hombre que le dio la vida a Jamie. Sí, vemos a su padre, Brian el negroconocido así por el color de su pelo (es el hombre de la imagen). Sólo decir que es una escena muy dura.

Sin duda alguna, el protagonista es BLACK JACK en cuerpo y alma. En él juega un papel fundamental, desde que aparece por primera vez, la luz de la escena, los claro oscuros. Hay un momento del capítulo en el que Claire es todo luz, es clara como su alma; Randall es todo oscuridad y, además, tiene parte de su rostro iluminado y el otro lado en la penumbra, como si fuera un intento de mostrarnos las luces y, sobre todo, las sombras de este personaje. Todo muy metafórico. Centrarse en Randall es marcar la diferencia entre Frank y él, de la que ya hemos hablado.

La verdadera importancia de este capítulo radica en la relación de Randall con Jamie, de ahí la relevancia de que Randall cuente la historia. A medida que el relato avanza, ves una pena fingida en él. Digo que es fingida porque cuando ves como lo azota (el flashback) hay una leve línea placer. Ves esa parte sádica de Jack. Es un personaje que juega con el miedo de los que le rodean, juega con él para que la otra persona no sepa cual será su reacción, incluso su protocolo, su buena educación es fingida, porque es un hombre, una persona, un individuo que no tiene escrúpulos, no tiene moral, ni conciencia ni alma. Durante la sesión de azotes hay un momento en que Jamie está casi inconsciente y él sigue azotándolo, tropieza y cae, ese tropiezo se debe al mismo nerviosismo que tiene tras llegar al “climax” al “éxtasis”, el mismo reconoce que el látigo los conectaba y él sólo veía “la belleza” de “una exquisita sangrienta obra maestra”. Randall es la personificación de la excitación que corre por sus venas, pero también es la demostración de la crueldad que el ser humano puede albergar en su cuerpo, su sangre, su Ser, en su alma.

Claire no puede hacer otra cosa que llorar. Randall está como cansando tras contarle todo. Conversan, la pena fingida, la desolación de ser como es hace que Claire piense que dentro de él se esconde un hombre bueno. Al final de la conversación le dice que él debe ir con ella a Inverness¿la haría feliz?” le pregunta, “Sí, así es” le responde ella. Randall se levanta y llama al cabo que hay en la puerta. Cuando Claire se levanta Randall la golpea en el estómago y le ordena al cabo que le dé patadas. Vemos como el joven duda, pero al final cumple las órdenes de su capitán. Dougal, sospechando que algo ocurre en el salón, entra y ve la horrible escena. Su presencia asusta todavía más al cabo que se separa de Claire inmediatamente. Dougal la defiende diciendo que es una invitada no una prisionera, que está en el fuerte porque la acompañó, no para pelear. Randall advierte: “Asegúrese de entregarla en el Fuerte William mañana al atardecer. Si ella no está presente en el momento indicado, usted será acusado de albergar a un fugitivo de la ley inglesa y será perseguido y castigado incluso hasta la muerte. Jefe de guerra o no”.

Esas son las últimas palabras de Randall antes de que Dougal y Claire se marchen y regresen con el resto del grupo. Pero antes de reunirse con ellos harán una parada en un manantial: “Huele un poco, pero aliviará el esófago lo suficiente” le dice Dougal. Una simple parada para beber y estirar por unos segundos las piernas, pero está muy lejos de ser real. “¿Eres una espía de los ingleses o de los franceses?” le vuelve a preguntar el Highlander.

Claire no da crédito a lo que oye, con el cuerpo maltratado por el puñetazo y las patadas, casi al borde de sus fuerzas, se tiene que enfrentar otra vez a la “desconfianza” del hombre. “¿Cuántas veces debo contestar a la misma pregunta?” salta Claire. Dougal es firme en su respuesta y le promete (recordemos que la promesa es muy importante para os escoceses) que “es la última vez”. Ella dice lo mismo que ha dicho siempre que no es una espía. Dougal la cree, ¿Dougal la cree? Claire no sale de su asombro, algo pasa, aunque en lo que sí se fija es en el puñal que él sostenía en una mano: “¿pensaba usarlo conmigo?” La respuesta es cuanto más sincera: “No me hubiera gustado. Eres una mujer atractiva (…)” Ahora me pregunto tras este ataque de sinceridad: ¿Dougal se ha fijado en Claire más como mujer que como una espía? ¿En el fondo siente algo por ella? Si detrás de estas palabras hay una historia lo sabremos.

Tras esta breve interrupción continuemos con la explicación que le da a Claire: “(…) pero si se hubiera probado la mentira no habría tenido otra opción. Pero creo que ahora me está diciendo la verdad”. Ella formula la pregunta que todos nos hacemos y que no es otra que ¿por qué? Dougal fija la mirada en el agua que mana de las rocas de las montañas y explica que: “El manantial de San Ninian. Algunos lo llaman el manantial del mentiroso”. Este es el quid de la cuestión, ahí está la razón que buscábamos y que viene acompañada de nuevo por la superstición, las creencias escocesas y por esa magia ancestral que envolvía a la naturaleza: “Huele como el humo del infierno, si bebes de él y mientes, te quemará las entrañas”.

Claire es consciente que aunque Dougal fue convencido más por el manantial que por ella, Randall es otro cantar y así lo expone abiertamente, bien por miedo, bien para que él le diga qué hacer, cómo hacerlo. Estas preguntas silenciosas de Claire no tardan en recibir una respuesta: “Bueno, no tienes porque verlo de nuevo” le dice él, “no, si haces lo que te digo” le dice con firmeza y con seguridad en sus palabras. Claire se interesa, porque ganas de ver a Randall no tiene. “Un oficial inglés no puede obligar a un escocés, a menos que haya pruebas de que se ha cometido un crimen e incluso asó, no puede forzar a un escocés fuera de las tierras del clan sin permiso del correspondiente jefe”. Detrás de esas palabras está el hombre de letras, Ned Gowan, buen conocedor de las leyes y se viene a confirmar lo que sospechábamos en el capítulo anterior, que Dougal Y Ned tramaban algo. La solución final no se hace esperar y es muy sencilla convertirla en “escocesa”, es decir, “la única forma de hacerlo es que tú te cases (…)”.

Una idea muy fácil, muy simple, pero muy mal acogida por ella. Rotundamente: “No, por su puesto que no”. Esa idea no entra de ninguna de las maneras en su cabeza. No, ella ya está casada, lo que pasa que no lo puede decir. Casarse significaría ser infiel a Frank, a su marido, a su primer y único marido. Pero claro si no lo hace “¿Tal vez preferirías ir a una prisión inglesa?” El futuro no se presenta muy alentador. Evidentemente el apuesto novio será… ¿Dougal? Por él estaría más que dispuesto y se lo hace saber (reitero: ¿qué siente este hombre por Claire?), por suerte para ella ya se ha escogido al afortunado. “¿Entonces quién?

Con el contrato matrimonial en la mano, mientras juega con el anillo de oro, observa los nombres de los contrayentesJames Alexander Malcolm MacKenzie Fraser y Claire Beauchamp. A Claire debe parecerle todo surrealista (a mí me lo parecería). Con la mirada perdida en el papel no se percata que su futuro marido se acerca a ella con dos vasos y una botella para brindar. “Dougal quiere que nos casemos” dice ella con la mirada clavada en el suelo, con la cabeza gacha y con resignación. “Lo sé” responde él bastante tranquilo, o al menos lo parece, algo que también la asombra y está dispuesta a hurgar en el asunto para que él sea franco. “¿Y estás dispuesto?” Le pregunta ella con asombro sin acabar de creerlo. En un intento de amabilidad Jamie es sincero: “Bueno, me has cosido las heridas más de una vez. Siento que tee debo algo por eso”. Si Claire está intentando saber si él se siente frustrado, indignado, no lo está consiguiendo porque él está mentalizado de “¿qué clase de amigo sería si la dejo en manos de ese loco bastardo de Randall?” Brindan y Claire bebe con muchas ganas (bebe para olvidar).

Pero diga lo que diga Jamie, Claire está dispuesta en buscar cualquier grieta para que no se lleve a cabo esa farsa, por lo que hay una pregunta más que obligada: “¿no hay alguien en quien estés interesado?” Cuando cree que ha encontrado la grieta se da bruces contra un muro escocés: “¿Qué si estoy prometido? No.” Claire se ha olvidado del asunto “mi cabeza tiene precio” por lo que no lo hace ser “un gran partido para una esposa”. Ella sin salida, sin escapatoria, como un conejillo enjaulado, como el reo caminando hacia el patíbulo, dice: “Así será entonces”. Pero queda por solucionar un tema: “En cuanto a lo que interesa, ¿podemos comenzar la luna de miel mañana?” Jamie que en todo momento fue sincero con ella, ahora también lo es: “Sí. Lo que te venga bien.

Dando por terminada la conversación, él se levanta, pero Claire hace un último intento: “¿no te molesta que no sea virgen?” Pregunta encogida y con las mejillas teñidas de rojo. Esta escena es como un partido de tenis, porque de seguido vemos a Jamie que no sabe donde meterse, por donde escapar para evitar responder, porque ahora el tímido es él. Comienza bastante dubitativo, para declarar con firmeza que: “No” y revela: “Mientras que no te moleste que yo lo sea”. Claire se queda de piedra, no esperaba semejante aseveración, está muy sorprendida porque nunca se imaginó que fuera virgen. Intentando chancearse de su propia situación sexual, Jamie dice: “Creo que uno de nosotros debería saber lo que está haciendo”. Con estas palabras le pasa de nuevo la timidez a ella, dejándola sola y bloqueada.

Ese joven escocés pelirrojo ¿su marido? No hay otra solución si quiere evitar a Randall. Todo a punta a que los hados han confabulado contra ella, mientras las Moiras (Parcas) hilan e hilan su destino atándolo a dos hombres de diferentes épocas. Como empujada por la furia, con paso decidido y con la mirada clavada en el horizonte camina hacia el grupo de hombres que la esperan. Sin decir ni una palabra arranca de las manos de Dougal la botella y se marcha. La cara de Jamie es un poema, sabe que las reacciones de ella son un tanto extrañas a veces, pero lo más probable es que piense que ella está así por él.

Tras este sobre cogedor y sorprendente capítulo, sólo nos queda deciros, id sacando vuestras mejores galas que nos vamos de boda.


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