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Análisis del capítulo 1×05 de ‘Outlander’: Escocia, un teniente inglés y la decisión de Claire


A cada capítulo que pasa la serie no hace más que mejorar. Uno tras otro los personajes se van dando a conocer a medida que la trama y la historia avanzan enganchándote de tal modo que quieres saber más.

Hoy, como todas las semanas os traemos el análisis del capítulo quinto en donde las mentalidades chocan, el paisaje acompaña y las palabras atacan. Aunque lo más importante es “la causa“.

Ausencia, oye mi protesta

Contra todas tus fuerzas,

Distancia y duración:

Haz cuanto quieras por la variación,

Para corazones de entereza verdadera

La ausencia une y el tiempo arregla.

(JOHN DONNE, Lo que el tiempo y la ausencia demuestran más bien ayuda a que el amor duela).

Así comienza el quinto capítulo de Outlander donde conoceremos a nuevos personajes. El primero es Ned Gowan. Un hombre ya entrado en edad, “nacido criado y educado en Edimburgo (…) con costumbres meticulosas y rutinarias (…) unos pequeños anteojos (…) una discreta cinta en el cabello (…) Era una imagen perfecta de un hombre de leyes (…)” esta es al descripción que hace de él Claire en el libro. Este buen hombre se mostrará amable y le tenderá su mano en momentos bastante tensos a lo largo del capítulo. Será un amigo junto con Jamie.

Lo primero que unirá al viejo Gowan con la joven sassenach será el poeta John Donne. A partir de ahí la conversación se hará más amena, el uno querrá saber de la otra y la otra del uno. Pero Claire, que ante todo es enfermera, reconocerá en la tos del buen hombre los síntomas del asma, además que él le proporciona una valiosa información al respecto: “ocurre todos los años, en la misma temporada. Algo en el viento me quema los pulmones”. El tratamiento que le da Claire es fumar hojas secas de estramonio.

Gowan se encuentra también de viaje porque “he venido a ayudar a Dougal con los registros y los recibos, ya sabes. Soy el único en quien confía con el dinero”. Se refiere a la renta que los campesinos le deben dar a Colum y se compone de dinero, pero también “bolsas de grano y coles. Aves adecuadamente atadas (…), cabras…” además ha dado instrucciones para “que no aceptemos cerdos vivos.” El ambiente entre los hombres es amigable, muy bueno. Entre ellos hay compañerismo. Mientras cabalgan entonan viejas canciones. Al final están Claire y el abogado manteniendo una charla agradable a través de la cual se conocerán un poco mejor. Así se entera de como Ned entró a servirle al padre de Colum y Dougal, Jacob. Al final de su conversación Claire lo define como “…un hombre de leyes, pero tiene el alma de un romántico”, algo que no lo incomoda para nada.

Aunque parece que Claire está bien, tranquila y relajada, la procesión va por dentro. Y es ahí donde ella guarda su secreto más preciado: su huída. Este viaje le puede proporcionar su tan esperada vuelta a casa, su regreso al s. XX. Tras el fallido intento durante la Reunión, el destino le prepara otra oportunidad o al menos ella lo entiende así. Pero las cosas están muy lejos de ir bien con sus compañeros de viaje. Aunque tiene afinidad con el viejo Gowan, ella es la única mujer, además es una sassenach y cuando pueden se lo recuerdan. Entre ellos hablan en gaélico sabiendo, perfectamente, que no lo entiende. Las comidas son amenizadas con historias fuera de tono y bastante groseras. Jamie, que está entre ellos, muestra cierta empatía con Claire por las miradas que le brindaen otros momentos parece como si se olvidara de su presencia. Todos comen su ración de conejo, Angus le da el plato que le corresponde, pero no tiene el cuerpo para comer. El grupo de hombres vuelve a hablar en gaélico y sabe muy bien que los comentarios van por ella, además sabe que “ellos claramente hablaban en gaélico para excluirme”. Lo único que le hacía mantenerse en pie era su huída.

Jamie le vuelve a tender una mano amiga: “No te preocupes por lo que están diciendo, muchacha”. Le confirma que: “No confían en ti”, una de las razones de esos comentarios según parece. Intenta poner una nota de humor diciéndole que Angus “odia a todo el mundo”. La sinceridad vuelve a instalarse entre ellos: “¿Y tú? ¿Piensas que soy una espía de los ingleses?” le pregunta ella. La respuesta no se hace esperar: “No. Pero creo que hay cosas que no nos estás contando”. Le recuerda que es el único que sabe que intentó escaparse y le dice que esa idea “sigue en tu mente, claramente”. Claire siente que ha sido descubierta, Jamie, sin saber ni cómo ni por qué, ha leído en lo más profundo de su Ser y su alma. Impulsada a disimular se disculpa de él diciendo que está cansada, pero él, ni corto ni perezoso, sabiendo que sus palabras la han incomodado dice para defenderse: “Bueno, tú preguntaste”. Jamie es consciente de lo que dijo, pero el cambio en Claire no ha pasado inadvertido para los ojos de Dougal.

Llegan a una de las aldeas, donde vemos lo que Gowan le ha dicho. Los campesinos pagan con monedas y en especie, con aves, sacos de grano, etc, pero lo que el viejo abogado no cuenta que es que haya cerdos entre los animales. Claire se lo recuerda y el hombre sin dar crédito dice: “Sí, lo dije, ¿no?”.

 

Claire está mano sobre mano, no tiene a nadie a quien atender, está literalmente aburrida, por lo que decide dar un paso entre las casas de la aldea. Así es como escucha a un grupo de mujeres cantar. Se encuentra con una de ellas que el explica que “es una canción de abatanar. Estamos abatanando lana”. Claire va con ella, ayuda en esa tarea y además se unirá a los cantos. Después del trabajo se toman un refresco, básicamente para orinar, porque con ella (con la orina) abatanan la lana. Las mujeres no sabrán que decir cuando al brindar Claire suelte por la boca: “culos arriba”. Aprovechará este momento con las mujeres para preguntar acerca de Craigh na Dun, así se entera que está a tres días del círculo de piedra. También le contarán que es el lugar “donde viven las hadas”. Antes de volver al trabajo, una de las mujeres le pide que orine y Claire las vuelve a deleitar con una expresión muy poco conocida en las Highlands del s. XVIII: “Gerónimo”.

Todo tiene su fin y así lo siente Claire cuando Angus irrumpe como un huracán, muy cabreado con ella por desaparecer y con malos gestos la arranca de donde está y se la lleva con él. Angus se da cuenta que “has estado bebiendo y hueles como a pis” (muy astuto el hombre y con un olfato fino, fino). La reacción de Claire no se hace esperar: “le dijo la sartén al cazo”, Angus se enciende más y comienzan a forcejear a lo que ella dice: “Quítame tus manos de encima”. Nunca antes habíamos visto a Claire tan encendida como ahora.

 

Al conocer la historia de unas de las mujeres, enfadada como está y queriendo hacer justicia, suelta a una de las cabras, pero ahora el cabreado es Rupert: “La cabra es nuestra” le dice él, pero Claire no escucha y le responde con un glorioso: “Y una mierda”. Gowan intenta que entre en razón diciéndole que la cabra es un bien mueble y como taltienen que ser contabilizados”. Todo el mundo está mirando. Dougal y Jamie, que acaban de llegar, no saben lo que pasa, el segundo mira desconcertado la escena, el primero le pide a Angus una explicación y como siempre se la da a su modo. Dougal y Claire se enfrentan, no dura mucho porque él dice a los espectadores que la sassenach está borracha.

Cuando todo parece que terminó un joven servicial se acerca para saber que está pasando: “Señora, ¿está todo bien?” pregunta dicho joven. Claire desconcertada por tanta amabilidad responde: “¿Disculpe?” pregunta con voz queda. El muchacho reafirma lo anteriormente dicho: “¿Podría ayudarla en algo?Vivimos aquí uno de los momentos más tensos. Angus le responde, pero Dougal es más claro: “La dama es una huésped del Clan MacKenzie”. El joven da muestras de valentía y responde también. La tensión va creciendo y se nota cuando vemos a Jamie cogiendo su espada y a todos los hombres que viajan con Dougal agarrando sus armas. El muchacho viéndose en minoría decide retirarse a tiempo y una recomendación: no te olvides ni de su cara ni del color de su casaca.

Esa misma noche Dougal y todo su grupo se reúnen con alguna gente de la aldea. No es una reunión para ponerse al día, sino que Dougal arenga a la gente a sucausa”, una causa que levanta los ánimos en contra de los ingleses, todo ello en gaélico para ser mucho más cercano con los suyos. Pero contará con la ayuda de algo que no veíamos desde el capítulo dos: la espalda de Jamie. Utiliza a su sobrino para que vean las barbaries que hacen los ingleses. La estupefacción es general entre los allí presentes, como la de Murtagh que reacciona levantándose, pero Jamie lo frena. La ambientación de la escena ayuda mucho. Son imágenes escasas de luz, la poca que hay proviene de las velas o de la hoguera situada en el centro. Aun así los claro oscuros son muy acentuados en determinados fotogramas, imágenes o incluso en los propios personajes, lo que da una mayor intensidad. Claire no entiende muy bien lo que pasa, lo que sí sabe es que Dougal “recauda más dinero, para ella otra forma de robar y se indigna. Sus ojos lo único que reflejan es tristeza por la forma de aprovecharse de lo que vivió Jamie. ¿Será conocedor de lo que vivió su su sobrino?

Cuando la reunión terminó, Dougal está contento por lo conseguido, coge la camisa que le rompió a Jamie y se la da a Claire para que la cosa. Ella que está consternada por lo que hizo a Jamie y le dice: “arréglala tu mismo”. Su arrebato viene porque sabe que Jamie no deja ver a nadie las cicatrices, ni al viejo Alec. Pero le vienen muy bien a Dougal. Claire, al final decide coserla, pero ya es tarde, Jamie enfurecido por todo, con todos, le arranca la camisa de las manos diciendo: “yo arreglaré mi propia camisa”. Al día siguiente, Claire inmersa en sus pensamientos que fluyen como el río que tiene enfrente y cuya agua le ayuda a limpiarse un poco, es interrumpida por Gowan que le trae el desayuno. Lo que podría ser una buena conversación ella con sus preguntas directas no lo permite: “¿Cómo crees que se sentirá Colum sabiendo que ayudas a Dougal a robarle dinero para llenar sus propios bolsillos y usando a su sobrino Jamie para ella?” Gowan responde: “¿No eres una muchacha astuta?” Ella le expone sus explicaciones, por lo que la respuesta del abogado es directa también: “Parece que lo tienes todo resuelto”. También se da cuenta de varias cosas: primero que a la joven se le escapa algo que no es capaz de entender o al menos eso parece. La segunda se puede tomar como un piropo porque le dice que “tienes buena cabeza sobre los hombros y una lengua para argumentar también. Serías una buena abogada”. En este punto entramos en la Historia de las Mujeres, en la realidad que sufrían en la época y que Gowan en pocas palabras lo radiografía muy bien: “es una pena que no permitan a las mujeres ejercer la abogacía”.

Me había traído a este viaje porque me había ganado su respeto como curandera y al menos cierto grado de confianza. Pero ahora podía ver como esa pequeña confianza se escapaba”. Esta explicación de Claire deja claro que su relación con Dougal en vez de mejorar tras la cacería va empeorando a medida que el viaje sigue su curso. Lo mismo le pasa con el resto de los hombres. Lo que podía ser un buen viaje se está convirtiendo, ante sus ojos, en un infierno y sus posibilidades de escapar son cada vez menores. Si en Dougal el sentimiento de rechazo hacia ella iba creciendo, en Claire la repugnancia iba a más cada noche cuando Dougal rompe la camisa de Jamie y dejar a la vista de todos las cicatrices.

 

Este capítulo lo que nos permite es recrearnos en esa protagonista callada, silenciosa, que todo lo ve, todo lo sabe y se mantiene impasible. Ella no es otra que Escocia. Es cierto que desde que comenzó la serie vemos alguna que otra imagen del paisaje de este país, pero en este quinto capítulo, debido más que nada al viaje, vamos viendo hermosísimas imágenes que intentan mostrarnos la inmensidad de sus montañas, prados y campos, la fuerza del agua de sus arroyos y ríos, los contrastes entre el blanco puro de la nieve de las cumbres montañosas y el verde de la hierba. El país de las leyendas, de las creencias ancestrales se abre ante nosotros para mostrarnos todo un variopinto paisaje a medida que los capítulos avanzan.

Pero no todo lo que se ve es bonito. Hay momentos que nos muestran las dificultades y los peligros de la época. Uno es cuando vemos como a un matrimonio la guardia quema la casa y se lleva las posesiones, de las que también saca partido Dougal. Claire no entiende por qué la guardia lo hace, Murtagh se lo explica: “El marido es un simpatizante que trabaja con los casacas rojas”. Ned se encarga de la otra parte de la explicación: “La guardia puede ser criminal, pero son escoceses ante todo. No pueden soportar a las traidores que cumplen las órdenes del ejército británico”. Incluso Jamie se esconde de ellos porque como le recuerda Murtagh: “Su cabeza tiene precio”.

El grupo de viajeros vuelve a parar para comer. La conversación de los hombres vuelve a estar llena de comentarios groseros. Claire lo ve y lo escucha desde una esquina. El estómago se le cierra cuando Angus le da su porción de comida, ella lo rechaza: “No gracias. No tengo hambre”. A la pregunta de uno de los hombres Claire explota de nuevo: “No tengo estómago para comida robada”. Angus más harto de ella que otra cosa le responde con un seco: “como quieras”. Pero las palabras de Claire han generado cierto malestar en algunos de sus compañeros de viaje. La mala leche junto con la impotencia llevan a Claire a que dé rienda suelta a su lengua viperina: “Y no me siento con ladrones”. La tensión se instala de nuevo entre Angus y ella de tal modo que él saca un cuchillo acercándoselo al cuello a modo de advertencia. “Yo no seré juzgado por una puta inglesa”. Angus todavía no le perdonó lo que pasó en aquella aldea, no se olvidó que por su culpa Dougal le llamara la atención.

Claire está bastante asustada por la reacción del hombre, solo la intervención de Jamie calma un poco los ánimos y es lo que le permite a Claire alejarse del grupo. Los hombres, gracias a Murtagh, vuelven a reír y gastarse bromas. El único que se muestra más inquieto es Jamie, está entre la espada y pared, me quedo o me acerco a ella. Al final se declina por la segunda opción, porque le tiene que hacer saber que su lenguaje no es el correcto: “¿Que te pasa, mujer, hablando con Angus de esa manera?”. Y lo que faltaba que viniera él, justo él, a llamarle la atención por sus modales. El efecto que consigue es el contrario, porque ella le regala otra deliciosa frase: “Angus puede besar mi culo”. Mujer con garra, no hay duda. Él sonríe pero también deja claro lo que piensa: “ (…) son palabras de pelea”. Ella intenta justificarse, quiere decirle que de donde viene las mujeres pueden hablar así, Jamie la interrumpe: “No importa de dónde vengas. Estás aquí”.  Le da dos consejos no para enfurecerla más, sino por su propio bien: “No eres nadie para juzgar lo que no entiendes”, algo que piensa más de uno y: “Quédate fuera, Claire”.

Como se suele decir oír, ver y callar es lo que le ha pedido Jamie entrelíneas. Tenemos que ser sinceros, es un refrán que no va mucho con ella. Durante la visita a un nuevo pueblo, las miradas de Claire hacia los hombres son cuanto menos de desprecio, no los aguanta y se muerde la lengua hasta sangrarla. En esta visita, Dougal, no se sabe si por las palabras que le regaló en su momento Claire o si en el fondo es una alma caritativa, le da un saco de grano a un hombre que no tiene medios para pagar la renta, debido a que hace poco se sufrió un ataque de los casacas rojas que desmantelaron y cogieron todo lo que les dio la gana. Conociendo lo sucedido Dougal no lo duda: “¡Todos comeremos!”. Así va dando sacos de grano a los lugareños. Claire no se calla y se lo recrimina, porque si la gente no paga ahora, pagará más por la noche. Sus palabras lo encienden. Ahora es el viejo abogado quien le salva el pescuezo. Aún así Dougal tampoco se calla: “¿De qué me estás acusando?” Más o menos lo sabe, pero quiere que lo diga. Ella le dice lo quiere escuchar y él le deja claro lo que hace: “Lo llamo asuntos del clan y ninguno lo es tuyo”. Pero esa noche fue distinta por varios motivos: primero, Jamie se sacó la camisa, nadie se la rompió. Segundo, entre el discurso de Dougal entendió perfectamente una frase: “Larga vida a los Estuardo”.

Así la mente de Claire nos transporta al S. XX, a esas veladas infinitas en las que Frank y el reverendo repasaban la historia de Escocia. Sabemos por Frank que Claire está viviendo (en el s. XVIII) los antecedentes del levantamiento de 1745. Gracias a ello se da cuenta que las actividades de Dougal son políticas no criminales y el dinero recaudado era para el ejército jacobita. Esa noche alejados del grupo, tío y sobrino discuten. “Queremos a nuestro rey de vuelta a donde pertenece ¿acaso tú no?” le dice a Jamie. Claire se agazapa en una piedra. Además Dougal le dice que al ser joven, con el rey Estuardo tiene más que ganar que perder, recordándole que tiene a los ingleses detrás de él. “Mi cuello es cosa mía, como lo es mi espalda” le reprocha su sobrino.

Dougal se va y Jamie descarga su furia contra un árbol, momento en que el que Claire se presenta ante él. Los dos saben que Dougal seguirá utilizando a Jamie, pero no se puede hacer nada: “Un hombre tiene que elegir por lo que merece la pena luchar”. La buena sintonía entre ellos se nota, en las sonrisas que se regalan, las miradas dulces y cómplices. Jamie rompe el momento, es tarde y hay que dormir, porque en pocas horas vuelven a ponerse en camino. “Intenta no pegar más árboles” le dice ella parte en broma parte en serio. “No te preocupes. Los árboles están a salvo, sassenach” le responde él con un sonrisa y por unos segundos, un instantes se mantienen las miradas. Hasta que definitivamente se despiden.

 

A la mañana siguiente Claire ya no veía con los mismos ojos a esos hombres con los que había emprendido ese viaje. Eran escoceses, tenían orgullo patriótico y lo demostrarían hasta final. Luchaban por su libertad. Ella, conocedora de la historia, le gustaría decirles lo que va a pasar, pero confesarlo la pondría en una gran aprieto. Ese día, a un lado del camino se encuentran con dos hombres colgados, a los que darán santa sepultura. Ese mismo día Claire fue testigo de las barbaridades que cometían los ingleses en Escocia. Esa noche Dougal, en una nueva reunión, utiliza lo que vio para convencer a más gente que tener un rey era lo mejor para todos ellos.

Una vez acostada en su camastro, Claire no era capaz de dormir. Después de tantos días durmiendo a la intemperie, estar sobre un “cómodo colchón” le parecía un sueño. Las palabras de Dougal le daban vueltas y más vueltas en la mente sin permitirle descansar. Pero un ruido, más bien un movimiento detrás de su puesta capta su atención. Se levanta cuidadosamente, se encamina hacia la puerta, coge una vela, apoya la mano en la cerradura, abre y se tropieza con algo… mejor dicho con alguien.

La historia se repite. A falta de una, Claire tropieza con Jamie por segunda vez. Pues sí, era él quien hacía ruiditos raros detrás de su puerta. “¿Qué haces merodeando en mi puerta?” le pregunta Claire sorprendida porque sea él. “No estaba merodeando. Estaba durmiendo o intentándolo”. Es la respuesta que obtiene de un Jamie bastante molesto por el golpetazo que le propinó ella, evidentemente sin querer. “¿Estabas durmiendo aquí?” Pregunta Claire sin salir de su asombro que por momentos va aumentando, porque una cosa son los establos y otra muy distinta es la puerta de su habitación. “¿Por qué?” Pregunta sin dar crédito. “La taberna está llena de gente bebida. Me preocupaba que alguno se aventurase a subir buscando… bueno…” las intenciones que tenía son buenas, quería mantenerla a salvo, protegerla, velar, dentro de lo que cabe, su sueño. “No pensaba que te importaran en demasía esa clase de atenciones” concluye en un intento de explicarse mejor y demostrar que sus intenciones no eran deshonestas. Claire capta la idea.

La escena es cuanto menos simpática. Volvemos a verlos relajados el uno con el otro y con sonrisas en ambos rostros. “Siento haberte asaltado” le dice ella sonriendo abiertamente, porque la seriedad ya no tiene cabida. Él le responde del mismo modo. “Estabas siendo amable” frase con la que lo quiere compensar por sus buena intenciones para con ella. Él le responde sonriendo pero se arrebuja más en su capa, movimiento que no se le escapa a Claire. “No puedes dormir ahí fuera. Al menos entra en la habitación. Es más caliente” ella lo dice inconscientemente, con amabilidad, pero Jamie no lo entiende así: “¿Qué duerma en la habitación contigo?Ahora es él el asombrado, el perplejo, el consternado. Esa sassenach no se da cuenta que él ante todo es un caballero y por nada del mundo “podría hacer eso. Tu reputación se vería arruinada”. Dos mentalidades diferentes, dos comportamientos distintos cara a cara de nuevo, lo que en el s. XX era una cortesía, en el S. XVIII era la perdición de la mujer.

A Claire le da risa porque ya ha dormido con todos ellos durante el viaje. “Para nada es lo mismole dice Jamie bastante molesto porque él es un hombre de bien, aunque su cabeza tenga precio. Ella en un último intento, porque entrar él no va entrar, le ofrece la manta¿O acaso es también escandaloso?” En este caso sí que es aceptada de buen grado. Lo increíble es ver en Jamie las ganas que tiene entrar, de seguirla (se nota en la mirada que echa hacia el interior) por ello el autocontrol que ejerce sobre si mismo es increíble. Al coger la manta se tocan, sus pieles se rozan provocando que la respiración de Claire se agite y haya un cambio en ella que le haga bajar la vista. Ese pequeño cambio lo percibe Jamie y él se siente turbado también. “Aquí estaré” dice él a modo de despedida. Sus mirada se quedan atrapadas, enredadas, entrelazadas, les cuesta romper esa unión. “Buenas noches” dice Claire rompiendo todo el contacto.

Por la mañana Claire baja a desayunar. Para ella todo ha cambiado, ahora entiende a las personas con las que viaja, bueno más o menos. En ese momento Jamie se va, tiene que organizar todo para partir. Entre ellos, todavía, pende el roce de piel contra piel. Ese pinchazo que notan cada vez que se tocan enciende cada vez más el deseo, mantiene viva la atracción entre ellos. Desayunará con Gowan e intenta hacerle ver que hay muy pocas posibilidades de victoria si luchan contra los ingleses. “Hablas como si el futuro ya estuviese decidido” y en cierto modo es así, pero él continúa diciendo que lo ingleses pueden ser muchos pero los “corazones luchadoresde los escoceses los igualarán. “Vais a perder” le dice ella a las claras, pero no hay forma de hacerlo entender, la respuesta que obtiene no es muy alentadora: “que len a la historia”. En el comedor, cerca de ellos, hay otro grupo de escoceses que hablan de forma jocosa, malsonante, grosera, etc de Claire. Los comentarios van calando hondo en Angus que explota lanzándose al cuello de esos maleducados que osan meterse con la sassenach invitada por el clan MacKenzie. “Ya estamos otra vez” dice ella ante la pelea. Junto con Gowan se van a un lado convirtiéndose en espectadores de la batalla campal que ha comenzado. “Tres labios partidos, dos narices sangrantes, doce nudillos destrozados y cuatro dientes flojos” es el recuento de heridas que hace Claire. Rupert hace un comentario gracioso sobre uno de sus atacantes. Angus se queja cuando se le hacen las curas y lo que consigue es una regañina, más o menos: “Cualquier excusa es buena para una pelea”. “Tú eras la excusa” le dice Murtagh que continúa diciendo: “era tu honor lo que estábamos defendiendo. Ese bobo te ha llamado zorra”. Ante tal respuesta el silencio se acomoda entre los presentes y hace callar a Claire, que por una vez no sabe que decir.

Dejando de lado todo lo ocurrido hasta ahora, algo se está orquestando. Me explico. Cuando Claire aparece en el comedor, Jamie está desayunando con Ned, pura casualidad estarás pesando, pero ya no es tanta, porque después de la pelea vemos en una esquina, sentados en una mesa hablando muy concentrados a Ned y a Dougal. Puede que estén halando de la renta, sí no lo descarto, pero me da que la renta no es el tema de conversación.

Cuando casi están preparados para partir y la pelea ha quedado más o menos olvidada, Rupert, haciendo gala de su buen sentido del humor, aunque un poco grosero, cuenta una de sus anécdotas con dos mujeres. Es todo un rompe corazones nuestro Rupert. Claire que está atenta a la historia le dice: “Creo que tu mano izquierda se pone celosa de la derecha”. El silencio vuelve a hacer acto de presencia hasta que el hombre rompe a reír por su comentario, hasta Angus hace un gesto afirmativo. “Eres ingeniosa” le dice Jamie sólo a ella mientras le ayuda a arreglar su caballo. Además le comenta que “Tenemos un duro viaje por delante. Tres días hasta llegar a Culloden Moor”.

 

Otro flahsback, donde podemos ver al matrimonio Randall paseando por en el lugar donde se producirá la batalla más importante entre los escoceses y los ingleses. Un campo con una inmensidad que sobrecoge el alma, que te deja sin respiración cuando oyes las palabras de Frank: “Fue muy muy rápido y muy sangriento”. En la actualidad, tal cual se ve en la serie, hay pequeños monolitos de piedra que señalan el lugar donde reposan los restos de los antepasado de todos los clanes que fenecieron en la batalla: “Los jacobinos perdieron dos mil hombres”. Lo peor no fue la batalla sino lo que vino después, las propiedades de los clanes fueron saqueadas, el gaélico fue prohibidoen efecto, Culloden marcó el fin de los clanes y el final del estilo de vida de las tierras altas”. Claire escuchando atentamente las explicaciones de su marido, observa uno de esos monolitos que pertenece al clan MacKenzie. Ahora viendo a esos hombres la tristeza por lo que va a pasar la embarga sin poder hacer nada.

Vuelven a acampar durante el trayecto, pero algo ha cambiado. Ya no hay esa tensión entre Claire y el grupo de hombres a los que acompaña. El ambiente se ha relajado tanto que Angus ayuda a Claire sin dudarlo. Aunque algo raro pasa, porque Ned parece evitarla y Claire no sabe muy bien como tomárselo. Sin pararse a pensar mucho decide ir al río a lavarse, lo comunica y para asombro de todos Dougal dice: “Dejadla ir” sin vigilancia, sin acompañante.

Así volvemos a disfrutar un poco del paisaje escocés. Ella concentrada en refrescarse no se da cuenta que a su lado esta Dougal. Cuando decide hablar la sobresalta. “¿Quién eres? Una mujer inglesa de Oxford, eso es lo que nos estás haciendo creer”. Él no puede ser más directo, pero ¿le habrá contado Ned la conversación que tuvo con Claire durante el desayuno? Lo que más sorprende a Dougal son sus opiniones sobre política “No hay nada de malo en tener un opinión” le responde ella. Él, más interesado en saber, le recuerda que ha sido testigo de muchas cosas a lo largo del viaje y como sigue pensando que es una espía, teme que si dice algo al ejército acaben todos clavados en una cruz. Ella se defiende una vez más diciendo la verdad “no soy una espía”, pero él no se fía. Lo que para Claire son meras advertencias de lo que va a pasar, para Dougal son intentos de que la gente no se movilice por la causa. Pero son bruscamente interrumpidos.

Un grupo de casacas rojas encabezados por un joven teniente, Jeremy Foster, el mismo que salió a defenderla en el primer pueblo, vuelve a formularle la pregunta: “¿Va todo bien?” Dougal deja clara su postura: “La dama no es asunto tuyo”. El joven le pide que se identifique y así lo hace, pero el highlander se da cuenta que no está en igualdad de condiciones si quiere defenderla. El joven militar no cede en su empeño de saber si Claire está retenida o no, por lo que vuelve a hacerle la pregunta: “¿está aquí por voluntad propia?” Claire desconcertada no responde, la vemos incluso dudar y así llegamos al final del capítulo dejándonos en suspense y con muchas preguntas. ¿Qué hará Claire? ¿Cuál será su respuesta?. Pronto lo descubriremos.


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