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Análisis del capítulo 1×03 de ‘Outlander’: Claire descubre la llave del tiempo


Claire sigue dividida entre dos tiempos: su mente añora las comodidades de los años cuarenta, mientras que su presente, el ahora que experimenta es la supervivencia y adaptación a una época a la que llegó de forma inesperada.

¿Podrá Claire regresar de nuevo al s.XX? Esta pregunta si has has leído el libro sabes responderla, pero si no es el caso te proponemos que nos acompañes a descubrirla en este nuevo episodio de ‘Outlander’.

 

Con cualquier suceso, frase o detalle  Claire recuerda a Frank, su marido que debe estar desesperado buscándola. No es la primera vez que se separan, el estallido de la II Guerra Mundial los separó durante años y esa despedida es lo que recuerda. Como se subió a un tren para convertirse en enfermera de guerra dejando atrás a su recién estrenado marido. Era una noche fría en un andén, un tren apunto de partir, unte quiero”, un beso y una promesa que ella debe cumplir: “Claire Beauchamp Randall, prométeme que regresarás a mí”. ¿Podrá cumplir esa promesa de nuevo?

Pero la mente es muy traicionera, tanto que la de vuelve a la realidad con un jarro de agua fría que se vierte en su cabeza. La señora Fitz la está ayudando a asearse, además de elogiar su hermosa piel. “Tú próximo marido será un hombre afortunado” le dice la señora Fitz como si fuera un presagio del futuro más inmediato de la joven. Esas palabras hacen que Claire se abra a ella contándole la verdad, que es una mujer del futuro que llegó a 1743 a través de Craigh na Dun. La mujer consternada y asombrada por el relato que la muchacha le acaba de dar, reacciona como lo haría cualquier mujer de su época: “bruja” le llama y arremete contra ella la furia y el rechazo que provoca esa palabra. Claire sabe lo que pasaría si le contara la verdad a la señora Fitz, por ello su mente le advierte que no lo haga y que mantenga la boca cerrada.

Su vida al salir de sus aposentos continúa en el dispensario rodeada de algún que otro libro, frascos con plantas secas, ungüentos y un largo etcétera de lo que Davie Beaton dejó allí. Claire se climatiza a su nueva situación dentro Leoch como curandera/sanadora, además era una forma de aplicar sus conocimientos médicos del s. XX, pero siempre vigilada por un hombre de Dougal, aunque de repente pasaban más tiempo en la cocina que vigilándola. Mientras que aprende de los conocimientos del viejo Beaton, tiene que atener a todo el que requiera sus servicios, por muy pequeña que sea su dolencia. También se hará cargo de las friegas que debe darle a Colum todos los días. Así, parece que sus horas en Leoch pasan más rápido. Aunque se tendrá familiarizar con la superstición y las historias sobre ruinas encantadas de los escoceses.

Esa misma noche todo el castillo se reúne en el gran salón del castillo para escuchar el recital de un juglar que cuenta viejas historias cantadas en gaélico. Claire se sienta en uno de los bancos, a su lado lo hará Laoghaire, la nieta de la señora Fitz. Educadamente las dos se presentan, pero la chica está más pendiente de la llegada de alguien. Claire sigue su vista y descubre a Jamie, al que saluda con la mano. El joven se acerca y se sienta entre las dos, prestando más atención a Claire que a la otra joven que suspira por él. Claire le hacen una pregunta a la joven y es Jamie quien responde. Laoghaire intenta llamar la atención del joven pero nada, la única respuesta es: “Un joven de dieciséis años está demasiado ocupado con su gran persona para reparar en lo que considera un puñado de niños mocosos”. Claire le da un codazo como reprimenda.

El recital continúa con varias canciones más. Claire notándose, quizá, un poco mareada por el vino, le confiesa a Jamie que ya ha bebido tres copas y le ofrece que se la acabe si quiere. Al lado de ellos, Laoghaire nota como la complicidad entre el atractivo Jamie y la extranjera crece por momentos. “Este vendaje me ha estado irritando durante días, ¿te importaría ayudarme?Claire sorprendida acepta, aunque lo que no sospecha es que le ha contado una pequeña mentirijilla.  Jamie de un trago termina la copa, se la entrega a Laoghaire y desaparecen.

 Van al dispensario donde hablan de las cicatrices de la espalda. Descubre que a Jamie no le gusta enseñarlas y cuando le pregunta por qué se las dejó ver a ella la respuesta es más asombrosa si cabe: “Pareces tener un don para hacerme saber que lo sientes si hacerme sentir apenado por ello” le dice Jamie cuando hablan de sus cicatrices. La intimidad se hace mayor, como la intensidad de la cercanía. Jamie rompe esa magia cuando pretende irse, pero ella lo para al recordar la razón por la cual acabaron en el dispensario.

 

Claire se acerca a él de nuevo, con destreza le desenlaza el pañuelo y le abre la camisa. Jamie, al principio un tanto incómodo, posa sus ojos y la mira intensamente como si fuera la primera vez que una mujer casi lo desviste. La química y la atracción entre ellos es mas que evidente. Sus miradas vuelven a quedarse atrapadas, pero ahora el roce de piel contra piel intensifica, más si cabe, el momento. Jamie pétreo sigue mirando intensamente a Claire, que ahora se pone un tanto nerviosa y rompe con la mirada y coloca la camisa en su sitio, para poco tiempo después despedirse.

A la mañana siguiente Claire se pone en marcha hacia el huerto, donde encuentra a Geillis y le habla del exorcismo que el cura quiere hacerle a un niño. Claire se queda sorprendida porque conoce al niño, es sobrino de la señora Fizt. “Creo que hay fuerzas más allá de nuestro conocimiento” es lo que le responde Geillis. Una mujer un tanto extraña, que no se asusta ni juzga, como haría alguien del s. XVIII, algunas de las cosas que hace o dice Claire. ¿Tiene algo que esconder? Y si hay algo más ¿qué es lo que esconde? También le da un consejo, que no ponga en duda lo que la gente cree. Pero Claire ya cabreada con todo y con todos, se va a casa de la hermana de la señora Fitz y descubre que el niño fue envenenado. Claire pide una oportunidad y no se la dan.

Nada más llegar al castillo ve como Jamie besa a Laoghaire, por lo que se convierte en una situación un tanto incomoda, extraña, que se junto con los sentimientos que ya traía del pueblo. Utilizando un sentido del humor un tanto particular y, por qué no decirlo, burlándose de lo que ha vista en aquella estancia cercana a la cocina Claire le dice a Jamie: “tus labios parecen un poco hinchados Jamie. ¿Te ha golpeado un caballo?”. Si la miradas matasen Jamie la mataría, literalmente. Él responde: “Sí. Volteó su cabeza cuando no estaba mirando”, pero obtiene su respuesta: “Es una pena. Esas potrillas pueden ser peligrosas”. Como advertencia de que no siga por ese camino le pisa levemente el pie. Murtagh que está con ellos no da crédito a lo que escucha. Pero Claire continuando con “su jueguecito” le pega una patada en el tobillo haciendo que la bebida del vaso de Jamie salga disparada. Si su intención era incomodarlo lo consiguió y con creces, porque él no espera un momento más salir del comedor bastante molesto. Murtagh le cuenta que lo que hizo con la muchacha puede traerle malas consecuencias. Ese hombre callado que es la sombra de Jamie, le dice que lo que “necesita es una mujer no una jevencita y Laoghaire será una niña hasta cuando tenga cincuenta”. Él conoce la diferencia y sabe que Claire también.

Claire superada de nuevo por todo lo que la rodea, por las palabras de Murtagh, sale a tomar el aire, para poder respirar y sincerare consigo misma. La escena que presenció entre Laoghaire y Jamie ni le molestó ni la puso celosa, supuestamente. Si se cela es porque un día ella vivió lo mismo que vivieron ellos. Ella tenía un hombre con el que compartir sus besos, su amor. Frank era el hombre al que le podía robar los besos, era el hombre al que le había entregado su intimidad (en todos los sentidos) y ahora no lo tiene. No tiene nada salvo a sí misma. Dougal, que se encuentra cerca, llama la atención de Claire. En la oscuridad es fácil saber quien llora, pero además le da la posibilidad de visitar a Geilis en su casa.

 

Emprende camino hacia el pueblo donde Geillis viven con su esposa. Allí Claire descubre el “laboratorio” de esa mujer tan misteriosa. Hablan distendidamente: “Me gustaría saber más sobre ti” le dice a Claire. Pero, ¿por qué? ¿Qué intenciones tiene? Un barullo en el exterior llama la atención de Claire. Es un niño al que van a castigar por robo. Claire, sorprendida, le pide a Geillis que haga algo y lo hace cuando llega su esposo, al que le pide que ayude al muchacho.

 

El resultado final no le agrada nada a Claire y aprovecha la llegada de Jamie, que viene a buscarla, para amañar una artimaña por la que se libere al muchacho. Solo necesitan mirarse y con pocas palabras entenderse. Jamie se deja liar por Claire y consiguen un “final feliz”, lo que no saben es que los ojos curiosos de Geillis los está observando.“¿Estarías dispuesto a arriesgarte a ayudarme de nuevo?

 Con esta frase tenemos una nueva escena de ellos. Van a la Iglesia Negra, que parece ser la responsable del mal que sufre el sobrino de la señora Fitz y a la que todos le tienen miedo. Jamie le cuenta que más gente ha enfermado por acercarse al lugar. Es raro que alguien sobreviva a ella, aunque él es una de esas pocas personas. Se considera un hombre instruido para no dejarse llevar por todo lo que dice la gente. Así es como sabemos que Jamie sabe latín y griego. Pero al mismo tiempo es un highlander y tampoco es tan osado para tentar a la suerte o a los espíritus. Claire le pregunta que era lo que hacía cuando iba a la Iglesia Negra y por Jamie descubre la raíz del mal: “convallaria majalis, lirio de los valles”, que no tiene origen escocés. Claire comete el error de nombrar “Alemania“, nombre desconocido para Jamie, que no es tonto y sabe que Claire esconde algo desde hace tiempo. Ella se corrige: “Prusia“.

Corriendo se va a la casa de la señora Fitz, donde cuenta su descubrimiento: el niño comió una planta venenosa y ella sabe como curarlo. La ciencia y la Iglesia se enfrentan. Claire no está blasfemando como piensa el cura: “El problema del niño es el veneno (…)”. La señora Fitz, viendo que la vida de su sobrino pende de un hilo, toma parte en la discusión y apoya a Claire. Antes de que atienda al niño el cura ya le hace una buena advertencia ¿otro presagio de futuro? Una decocción de Belladona es lo que hace que el niño no muera.

Le contará a Jamie todo lo ocurrido y él le dirá que la señora Fitz la llama “la obradora de milagros”, además que Colum se está llevando la mejor parte, porque todo el mundo piensa que traerla a ella fue la decisión más acertada, tanto que no la dejaría irse. “Nunca conseguiré salir de aquí” dice Claire más para sí misma que para Jamie. Esa frase a él no le gustó.

 

 Esa noche hay un nuevo recital y ella acude con ganas de emborracharse por la desesperación de verse atrapada en el tiempo. Se encuentra de nuevo con Jamie y volverán a sentar juntos. Él le traduce la historia en el oído. A medida que la va escuchando, Claire se daba cuenta que la historia que contaba el juglar era su historia, aunque es una historia de un viaje de ida y vuelta. Por lo que… ¿habría alguna posibilidad de regresar? ¿Podría ser que Craigh na Dun la llevara de vuelta a casa? Todavía no lo sabe, pero por lo menos la luz de la esperanza se mantiene viva.


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