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Análisis del 2×01 de ‘The Fall’: Spector y Stella se enfrentan a los cambios en sus vidas


Esta semana se ha estrenado la nueva temporada de la serie ‘The Fall’ protagonizada por Jamie Dornan (Paul Spector) y Gillian Anderson (Stella Gibson).

Esta nueva temporada, según rumores, nos acercará mucho más a la persona de Paul Spector, marido, padre de familia, psicólogo, un hombre aparentemente tranquilo tras el que se esconde un “yo” temible e incontrolable.

La primera temporada terminó con una conversación telefónica entre Paul y Stella, un retrato robot del supuesto asesino en serie, que más o menos se parecía a Paul, un viaje en el que Spector se iba con su familia a Escocia alejándose de la ciudad y de la policía, una víctima que sobrevivía a un terrible ataque.

El nuevo capítulo continúa donde lo dejamos, pero los cambios que han sufrido sus dos protagonistas son sustancialmente grandes. Stella interroga a la joven superviviente que sigue en shock. Su agresor mató a su hermano, una pérdida que duele más que sus heridas físicas. Está asustada, nerviosa, la realidad la supera de tal modo que sus ojos vacíos quieren cerrarse para olvidar. Recuerda pocas cosas: su posición en la cama, la posición de él (detrás de ella), pero lo que más interesa a la policía, lo más importante en la investigación la joven no lo recuerda, la apariencia física del agresor. Stella la hace retroceder a la cena que tuvo con su hermano. La joven, que no controla su cuerpo ni sus emociones, comienza a llorar desconsoladamente. El dolor se hace insoportable. Stella, intentando ayudarla, le saca cuidadosamente la goma del pelo: “Tiras de la goma y la sueltas contra tu muñeca cuando tus pensamientos y emociones te abruman“.

Paul está recluido en Escocia y solo. Su mujer cogió a los niños y se los llevó de vuelta a casa para seguir con su vida y, así, poner distancia entre ella y su marido, pero lo más importante, tener tiempo para que la herida de un engaño, de una traición cure. Simplemente está acompañado de un viejo piano y una botella de whisky, recordándome aquellas palabras de Bon Jovi en Bed of Roses: “Estoy aquí sentado, cansado y herido frente a este viejo pianoy la botella de vodka.

Mientras que toca las mismas notas una y otra vez y así continuamente, una llamada rompe la noche, lo quita de su letargo obsesivo y lo hace reaccionar. Es su hija, esa criatura a la tanto quiere y que por circunstancias tiene que estar alejado de ella. La llamada calienta su corazón, oír su vocecita lo tranquiliza en cierto modo. “Las muñecas” le dice Livy a su padre. Paul se da cuenta que su pequeña controla el tiempo que hace que no se ven. La niña insiste en que necesita sus muñecas y quiere que se las lleve. Paul encuentra las cuatro muñecas donde su hija le dijo que estaban. Una de ellas es morena, despertando al depredador que hay en él. La ata desde el cuello hasta los pies, como le hará a su siguiente víctima si es que la hay. No puede dormir ante la bella imagen que tiene ante sí. Una simple Barbie le hace desear lo que tanto añora, una nueva mujer.

Stella le entrega a la joven su diario. La policía científica ha buscado las huellas de su agresor sin encontrar nada, solo las de ella. Le recuerda que la escritura ayuda a algunas personas a exteriorizar lo que sienten, a exponer sus miedos y sacar todo el dolor para fuera. Pero lo que realmente preocupa a la chica es si él pudo haberlo leído. “” le responde Stella. El mundo se hunde de nuevo a sus pies y reconoce que “no soy la misma“.

Tras su salida del hospital, Stella regresa a la casa precintada de la última víctima. Cuando su menta está sumergida en los sucesos que acontecieron aquella noche, Jim Burns irrumpe bruscamente dándole un susto de muerte. Le enseña el dossier con las fotos: “Siempre pensé que acechaba a sus víctimas, que calculaba los riesgos, planeándolo todo con mucho control, clamado de sangre fría“. Pero el asesinato del hermano de la víctima dice todo lo contrario. Al salir a la calle se despiden, en ese momento la realidad de algunos de los barrios del Norte de Irlanda golpea a la detective. La policía no es bienvenida.

A la mañana siguiente tres personas se ven golpeadas por la realidad, superadas por los acontecimientos: la primera es Sally, la mujer de Paul, que despierta cuando Livy le lleva una taza de té a la cama diciéndole que cuando su papá regrese a casa le hará una taza a él también. Pero es ver a Katie lo que le revuelve las entrañas. Se enfrentan en mitad de la calle, donde la chica le dice que Paul la atacó, algo que deja a Sally sin palabras y provoca que quiera hablar con su marido. El otro es Paul. Está en un dilema, por una parte quiere regresar, estar cerca de su familia y poder cumplir el deseo de hija, pero por otro lado no quiere. Ver la muñeca desnuda y atada ha despertado al cazador, por ello sabe que necesita regresar. Lo que lo convence es la portada del periódico donde ve a la detective, también las palabras de su mujer contándole lo de Katie, hace que la decisión esté tomada. La portada sorprende, aunque no lo parezca, a nuestro tercer personaje, Stella. En ella vemos como su affaire con el policía muerto, James Olson, sale a luz.

Simultáneamente vemos como Paul recoge sus cosas, mientras que Stella se quita su antiguo uniforme para enfundarse en su camisa blanca y falda negra. Los engranajes de sus mentes van a toda velocidad. Paul va en el ferry planeando sus pasos una vez llegue a la ciudad. Sabe a lo que se arriesga, sabe lo que ello supone, pero nada le importa. Por su parte Stella, una vez vestida, se entrevista con la hermana de una de las víctimas.

 

Mientras que Stella explica ciertas cosas a su equipo, vemos a Paul sentado en el tren, donde conoce a una posible víctima. Ella deja en la mesa el periódico donde aparece el retrato robot del asesino. “¿Crees que se parece a mi?” Le pregunta, a lo que ella con cierto asombro, debido a ese parecido razonable, le contesta que un poco. Paul le pinta barba a la foto y la respuesta no se hace esperar: “Bastante más“.

El cazador, inteligente, hombre misterioso, atractivo, hace que la chica teñida de rubio que está sentada enfrente de él se abra. Ante la revelación Paul sólo puede decir: “nunca lo hubiera imaginado“. Cuando llegan a la estación una parte de él quiere seguirla, pero ha vuelto a Belfast por algo que debe cumplir.

Stella continúa hablando con su equipo, da órdenes, recuerdan las pistas que tienen, revisan todo al extremo buscando alguna línea que se les haya escapado. Stella sabe que ÉL es un hombre de palabra, le había dicho que se iba y todo a apunta a que es cierto, porque los asesinatos han parado.

 Parece, por lo tanto, que todo sigue igual, pero para Spector todo ha vuelto a la normalidad. Cuando se sienta en el ciber y busca el nombre de la chica a la que acaba de conocer y entre las fotos que ve hay una que le llama la atención porque sabe quién es ella, la conoce muy bien. Rose Stagg. Paul está sorprendido, pero el cazador que ha despertado se frota las manos. Un nuevo plan surge para esa misma noche, hacerle una visita personal a la mujer.

Operación Músico da un paso importante, ya que la búsqueda de algún objeto en las profundidades del río da sus resultados y muy buenos. Se encuentran unas tijeras, ¿el arma homicida? Stella recibe en el río la visita de la forense quien le comenta que al hacerle la autopsia a Olsen se fijó en los arañazos que tenía en la espalda y muy recientes.

Paul hace su primera parada en casa de Katie. Entra y la asusta. Comienzan así una discusión. Él le echa en cara todo lo que dijo a su esposa, porque ahora cree que ha violado a la joven cuando tal cosa no ha ocurrido. Ella por su parte lo acusa de una aventura que no ha existido, que no ocurrido. Lo que no sabe Paul es que la muchacha está acompañada por una amiga, a la que mira fijamente y por lo que Katie siente una punzada de celos. La tensión es evidente entre ellos, hasta que él acercando su cara a la de ella intenta imponerle miedo, la respuesta de la chica, además de señalarlo como el posible asesino, acusaciones de las cuales Paul se defiendese acerca a la boca de él y le muerde el labio. El sabor metálico de la sangre le llena la boca, tira de todo su autocontrol para no perder los papeles y le da una advertencia: “Guárdate de tus locas y aléjate de mi familia“.

Segunda parada, su propia casa. La casa familiar de los Spector. Entra en ella como un mero ladrón, pero con una diferencia, porque tiene las llaves. Su mujer todavía no ha cambiado las cerraduras. Se acuerda de sus palabras, aléjate. Un imposible, es su familia. Le deja a su niña las muñecas que le ha pedido y además una nota en la que le dice que gracias a unos duendes mensajeros ya tiene sus muñecas, pero le pide que la nota la mantenga en secreto. Además, aprovecha para recoger sus zapatillas de deporte y otras pertenencias. También se lleva el mechón de pelo de una de las víctimas. La niña así lo hace y la guarda donde su padre guardaba, sin que nadie lo supiera, los trofeos que las víctimas le regalaban.

La última para de Spector le lleva a la casa de Rose Stagg, donde se encuentra con el marido durmiendo en el sofá con los cascos puestos, también con la hija. “¿Quién eres tú?” Le pregunta tranquilamente la niña. Así da comienza un extraña conversación, como la situación ya que Paul, lleva a la pequeña al baño. En esa casa recupera una antigua identidad que no utilizaba desde su etapa universitaria, Peter Piper. Una vez que mete a la niña en cama, se acuesta con su antigua amante a la cual asusta. Antes de que chille le tapa la boca con la mano, la baja a la cocina donde le pide que no grite. La suelta y para asombro de Rose, Peter ha vuelto.


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